En un momento dado | Donde Messi lo dejó
Blog, Fútbol, Análisis, Barça, F.C.Barcelona, Guardiola, Messi, Neymar, Piqué, Iniesta, Luis Suárez, Previas, Rivales, Perfles, Jugadores, Planificación, Barça B,
22643
single,single-post,postid-22643,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,paspartu_enabled,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-9.2,wpb-js-composer js-comp-ver-4.11.2.1,vc_responsive
MADRID, SPAIN - MAY 27: Lionel Messi of FC Barcelona celebrates after scoring his team's first goal during the Copa Del Rey Final between FC Barcelona and Deportivo Alaves at Vicente Calderon stadium on May 27, 2017 in Madrid, Spain. (Photo by David Ramos/Getty Images)

Donde Messi lo dejó

Se jugaba una final y Messi estaba en ella. El dueño del tablero, el as en la manga. La opción siempre activada y conectada con el triunfo. Aquello que sólo uno tiene, y que los demás no pueden parar. Lo que marca la diferencia. Quien al Barça le dejó el título en el umbral, aunque el Alavés no lo reconociera. Los de Mauricio Pellegrino jugaron el partido que podían y que debieron, en igualdad y en desventaja, para alimentar con los pies lo que creyó su corazón, y no se les heló la sangre cuando, con un aliento, Leo les anticipó el desenlace. Que él les honraría el sueño, pero que a cambio lo haría suyo. Se jugaba una final y Messi estaba en ella. El diez no faltó a su cita.

El inicio del partido se presentó con las constantes esperadas a un lado y al otro del ring. El Alavés, con defensa de cinco y repliegue bajo, cedía balón y campo, pero negaba la frontal del área y el carril central. El Barça podía tocar, pero siempre que moviera la pelota por los laterales. Una concesión en forma de media luna, a través de la cual establecer relaciones exteriores con la condición de no derivarlas hacia la mediapunta para acercarse al gol. Como los de Luis Enrique no aceptaron la invitación envenenada de su rival y no respondieron al escenario dado surtiendo de centros una área en la que Pacheco y sus tres centrales debían reinar, el encuentro en su primer tiempo transcurrió con un ejercicio de paciencia barcelonista, en el que el ritmo de la circulación no consiguió hacer crujir a la muralla alavesista hasta la intervención de Messi. El argentino, expulsado de la mediapunta en el ataque posicional por la custodia rival sobre su parcela y las dificultades de su equipo para filtrar pases por dentro, durante muchos tramos vio de cara a la medular vitoriana, como receptor temprano y principal esperanza en el servicio. Corría aire en las orillas, pero por dentro costaba respirar.

En buena medida, por el desempeño colectivo de un Alavés bien preparado en el que los centrocampistas de banda basculaban emparejándose con el interior culé más alejado, y así dar libertad y enfoque a su doble pivote. Con un Manu García más agresivo y presionante, y un Marcos Llorente colosal, el cuadro babazorro multiplicó robos e intercepciones en el carril central. La Final del canterano madridista fue consagratoria, con una exhibición defensiva de impacto ante hombres como Iniesta, Messi y Neymar, potenciada por ambas escuadras. Del bando aliado, contó con la ventaja de no ser él el primer alavesista encargado de ensuciarle la jugada al azulgrana que se lanzaba al desborde. Su adversario se topaba con él llegando ya forzado, y dando forma a una disputa desigual en la que el mediocentro impuso capacidad física y dominio del tiempo y el espacio. Fue el gran nombre propio de la noche para su equipo. En la tarea de esquivar esos pies cleptómanos, al Barça no le ayudó lo cercano de sus conexiones. Pudiendo llegar arriba con la pelota y profundizar por banda a partir de los laterales, tanto Jordi Alba como Mascherano o André Gomes establecían sus posiciones de ataque en zonas bastante adelantadas, de modo que para no pisarse y ofrecer una posibilidad más de descarga hacia el centro, el resto de piezas exteriores se trasladaron al interior. Así pues, Neymar, el futbolista que amenazando desde el desborde cerca de la cal podía tensionar la estructura defensiva alavesista bien abriendo una grieta exterior en ella o bien sacando del centro a Llorente, se instaló también cerca de la corona dibujando un segundo foco de atenciones muy próximo al primero.

Uno de los grandes valores del brasileño, sin embargo, es que por mal que le vayan las cosas rara vez desfallece. Nunca sale del agua antes de tiempo y, de este modo, siempre termina pasando una ola que lo recoge a tiempo. Su insistencia, más que juego, fue posibilidad y amenaza. Bastó, tanto para que Leo hallara en él una opción en el apoyo desde la cual escalar a saltitos hasta una frontal sin secretos, como para que el Alavés tuviera que destinar abajo parte de las respiraciones de su ataque. Aunque la vertical velocidad de Edgar, el desgaste de Deyverson y la limpia participación de Ibai Gómez puntualmente amenazaran la transición barcelonista, a los de Pellegrino les faltó la continuidad en la salida que sí encontraron otras veces. Sin Camarasa, retrasados los hombres de banda y partiendo el punta al lado de Busquets por la vigilancia que con posesión para el Barça ejercía sobre el mediocentro catalán, los vitorianos no tuvieron caminos despejados que activar con rapidez. Los lanzadores se vieron obligados a esconder el cuero más tiempo del debido a la espera de que apareciera la opción, asumiendo con ello el riesgo de un robo y dando tiempo a los azulgranas de defender más tiempo en campo rival que corriendo hacia atrás. Messi a parte, la recuperación fue el otro camino que encontró el Barça para agrietar la fortaleza de Llorente y compañía, con tal de hincarle el diente al corazón de la Final antes de llegar al descanso.

Pellegrino respondió al varapalo subiendo la línea de su presión de modo que su ataque se iniciara más arriba y con más futbolistas como opciones cercanas hacia las que dirigir el pase, y aunque el resultado no se moviera y el signo no pareciera poder cambiar, la medida dispuso una segunda mitad igualmente competida, desde coordenadas distintas a la primera, en la que los blanquiazules demostraron versatilidad moviendo el esférico con criterio en campo rival, a riesgo de una separación de líneas en transición que dejara la mesa puesta al contraataque culé. Las carreras de Neymar o André Gomes, los movimientos de Alcácer, el control de Busquets o el desequilibrio de Messi desafiaron con cobrárselo, pero finalmente no se movió el luminoso. Quedó fijado donde Leo lo dejó.

Artículos relacionados:

– Foto: David Ramos/Getty Images

 

 

1Comment
  • Gordillo
    Posted at 17:32h, 30 mayo

    Como comentas en el articulo el alaves no tuvo problemas en dejarles las bandas al barcelona sabedor que el centro no es su fuerte y se preocupo mas de tapar el “espacio messi”. No es el alaves el unico equipo que lo ha echo eso de tapar el centro y dejar las bandas por eso me entra la casualidad de como se puede abrir esas bandas teniendo en cuenta que la msn es innegocible.
    El barcelona a fichado a valverde que en su ultima epoca en bilbao eso era experto pero el bilbao no tiene nada que ver con el barcelona y teni a aduriz.
    Crees que la primera idea de LE de 1+2 y abrir con los laterales era buena lo que no le salio pq no se atrevio con el “doble pivote” para corregir ess subidas?