En un momento dado | Manchester United
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Pedro Rodríguez fue un futbolista tremendamente valioso para Guardiola en Barcelona, entre otras razones, porque su versatilidad siempre permitía al técnico catalán equilibrar su propuesta. El atacante conocía al dedillo la idea de su entrenador, y tenía la singular...

Temporada 2010-11. Final de la Champions League. Barça-Manchester United: 3-1
Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Messi y Villa.
Quizá, las dos finales de Champions que ha disputado, sean los dos mejores partidos en la carrera del Leo Messi. La primera, en Roma, fue la de la sorpresa por su ubicación en el centro. En la segunda, ahora en Wembley, todos lo esperábamos ahí, y aún así, comandó al Barça para convertirte en uno de los campeones más indiscutibles que se recuerdan. El Barça de Guardiola fue un equipo de finales. No es habitual que entre las mejores actuaciones de un equipo se cuenten tantas grandes finales. Citas en las que la igualdad entre oponentes, el conservadurismo y la prudencia por el miedo a la derrota, la presión y la tensión, acostumbran a deparar choques con más activos emocionales que futbolísticos. No es este el caso. El Barça de Guardiola ganó y perdió finales, pero siempre las jugó bien. Habitualmente, mejor que nunca.

Temporada 2008-09. Final de la Champions League. Barça-Manchester United: 2-0
Valdés; Alves, Touré Yaya, Piqué, Silvinho; Busquets, Xavi, Iniesta; Eto'o, Messi y Henry.
No pocas veces hemos escuchado la tan manida sentencia "las finales no se juegan, se ganan". Lo cierto es que acostumbra a suceder que las mejores actuaciones se vean en el partido definitivo. Los nervios, la tensión, la igualdad entre dos colosos, el poco riesgo ante lo decisivo de los errores... provocan que por lo general, en las finales haya más emoción que fútbol. En eso, el Barça de Guardiola también fue diferente. No resulta arriesgado afirmar que ningún equipo en toda la historia ha jugado mejor las finales que ha disputado. Cuando más grande era la cita, a más alto nivel rallaban los azulgranas. La primera fue en Roma, y nunca antes, ni el Barça de Pep ni su máxima estrella Leo Messi, habían alcanzado el nivel que exhibieron en la ciudad eterna.

La que algunos denominaron como la final de la década, fue finiquitada con solvencia por un equipo que es ya eterno, de leyenda. Hablar con esta contundencia del desarrollo de una final de Champions League, del partido cumbre de la seguramente competición más potente del planeta, puede parecer presuntuoso, pero la realidad es que el Barça logró empequeñecer a un rival, que ante cualquier otro equipo -a excepción quizá del Real Madrid- hubiese partido como favorito de la final. No hablamos de un equipo bien intencionado, con algunas gotas de calidad en determinados jugadores y con un entrenador notable. Hablamos del animal competitivo que supone el Manchester United de Sir Alex Ferguson, uno de los tres mejores equipos de Europa y uno de los máximos dominadores del fútbol continental en los últimos años. Pero es que ante este Barça de Guardiola, si el equipo catalán logra imponer su discurso,  muy poco pueden hacer los rivales, y para colmo, seguramente no haya habido en la historia otro conjunto con más armas para lograr ese fin: dominar el partido. El objetivo de los rivales es el de entorpecer su juego y evitar que el Barça despegue, porque si lo hace, se relativiza, por ejemplo, la importancia de tener una pareja de delanteros de la magnitud de la formada por Chicharito y Rooney, que en la final, entre ambos, solo dispararon en una ocasión entre los tres palos, la jugada del gol.

Mientras que por banda izquierda el United tendrá que amoldarse a la presencia en frente de un lateral como Dani Alves, la banda derecha pude ser la zona donde Ferguson busque una carta ganadora que le permita generar ventajas para dominar el discurso del partido. Tanto Abidal como Puyol están lejos de ser una de las principales armas ofensivas del Barça, por lo que ahí, el técnico escocés, tendrá más libertad para pensar más en atacar que en defenderse. Por eso, mientras que en la banda izquierda la alineación de Giggs podría resultar una imprudencia, jugando a banda cambiada -como en aquella histórica final en el Camp Nou ante el Bayern de Munich- el galés podría encontrar su posición y su razón de ser en el partido. Lejos del extremo punzante de antaño, el Giggs actual, para el Unietd, es pausa, visión de juego y creatividad, prácticamente un mediapunta. La banda ya no es su hábitat natural sino un punto de partida para tender al carril central. Así pues, el United puede encontrar en un Giggs "descansando" en banda derecha y transitando hacia la mediapunta, una solución para poblar la medular, atacar en superioridad la zona de Busquets, y dar la posibilidad a su equipo de mantener la posesión durante fases del juego más largas para que el Barça no viva cómodo. Sin embargo, lo lógico es esperar que la banda derecha inglesa sea para Valencia o para Nani. El primero con un juego más abierto que empieza y termina pegado a la cal, explotando su velocidad y verticalidad para percutir al contraataque, o el portugués para aumentar los recursos del equipo en ataque posicional y con una mayor tendencia a la diagonal. Con más o menos tiempo de posesión en las transiciones defensa-ataque, parece claro que el discurso del United será el contraataque. Para minimizar sus riesgos, pues, será vital para el Barça controlar las pérdidas de balón, tanto en cantidad como en calidad. El Barça no debe permitir la recuperación en fase inicial, con el equipo mal colocado para lanzarse a la presión y el rival desplegado para ejecutar fácilmente la contra. La pérdida azulgrana debe localizarse cerca de la portería de Van der Sar, con el mayor número de jugadores del United por detrás del esférico y los jugadores azulgranas formando una nube alrededor del balón que les permita bien recuperar rápidamente, bien ensuciar la contra inglesa.

Como vimos en el anterior artículo previo a la final, Ferguson tiene un mayor abanico de opciones para sorprender al rival con su planteamiento, más que por mayor número de jugadores "hábiles" -que también- por su singular flexibilidad táctica, que le permite disponer distintos módulos tácticos sin que se resientan los automatismos del equipo. Esta capacidad de seguir siendo competitivos indiferentemente de la disposición sobre el campo, será algo muy valioso para los ingleses en la final, pues en teoría, su planteamiento deberá partir de la inferioridad respecto al F.C.Barcelona Por eso, por ejemplo, lo normal será ver a Park en banda izquierda para trabajar defensivamente sobre Dani Alves, y no a un Ryan Giggs que sería desbordado por el lateral brasileño o a un Rooney demasiado sacrificado en defensa para lo importante de su producción ofensiva si el United quiere tener opciones de éxito. Así pues, como han hecho todos los rivales que se han enfrentado al Barça, el volante izquierdo estará más pendiente de defender a Alves -un hombre clave en el juego del Barça tanto a la hora de dar amplitud al ataque como de generar superioridad numérica en el centro del campo- que de atacarle. Es cierto que Alves es un lateral que en sus subidas descuida su espalda, pero su aportación ofensiva es de tal magnitud que ningún entrenador puede permitirse liberarlo para fijar a su espalda al extremo. No obstante, los enfrentamientos contra el Madrid han abierto una posibilidad. En la final de Copa Ronaldo, desde la posición de 9, castigó la espalda de los laterales para abrir a los centrales y habilitar la segunda línea y eso penalizó notablemente al Barça durante la primera parte. En la ida de Champions, pues, Guardiola se vio obligado a anclar a Alves e impedirle sus habituales alegrías ofensivas con el objetivo de controlar estas situaciones. Sin embargo, sucedió entonces que Di Maria, obligado hasta entonces a defender, fue invitado a atacar, y como tanto Alves como Di Maria atacan mejor que defienden, fue el jugador merengue el que sacó ventajas del emparejamiento. En el día que más conservador se mostró Alves, más problemas generó el Madrid por su costado.

El próximo día 28, F.C.Barcelona y Manchester United reeditarán la final de Roma en la que, con su victoria, el Barça de Guardiola coronó una temporada perfecta. Que se repita una final apenas dos temporadas después, puede ser catalogado como una curiosidad producto del azar, pero en este caso, nos habla de los dos conjuntos que han ejercido su dominio en Europa durante los últimos años. En las últimas seis ediciones de la Champions League, acumulan tres presencias en la final cada uno, y en semifinales, cinco el Barça por cuatro el United. Teniendo tan cerca el precedente de Roma, pues, a la hora de analizar la final podría existir la tentación de coger a aquel United como referencia, pero sería un error. Es cierto que, como el Barça, el United tiene el sello distintivo que le da la presencia de Ferguson en el banquillo, pero el funcionamiento colectivo del equipo de 2009 es distinto al del 2011. La razón principal, el cambio de jugador franquicia, del hombre que define el comportamiento del colectivo y al servicio del cual se ponen el resto de compañeros. Entonces ese hombre era el hoy madridista Cristiano Ronaldo, mientras que actualmente ese rol pertenece a Wayne Rooney. Dos jugadores distintos, y por lo tanto, distintos serán también los equipos que comandan.