Con la competición finalizada, los clubes inmersos de lleno en el trabajo de despacho y los jugadores -algunos- preparándose para el Mundial de Sudáfrica, es un buen momento para echar la vista atrás y ver como se ha desarrollado la temporada, a nivel futbolístico, para el F.C.Barcelona. Así pues, y teniendo en cuenta que se trataba del segundo año del proyecto comandado por Pep Guardiola, en la serie que iniciamos hoy trataremos de analizar los cambios experimentados por el equipo de un año a otro. Para empezar, y antes de concentrarnos en situaciones más concretas, dedicaremos este artículo a la que seguramente haya sido una de las principales novedades, el cambio de esquema de juego durante bastantes fases de la temporada.
Inicialmente, Guardiola rompió su hasta entonces innegociable 1-4-3-3, como un recurso para sacar adelante partidos que se habían complicado. La primera vez que lo hizo fue en la jornada 13 en Riazor, cuando con la entrada de Pedro por Henry, el canario pasó a ocupar la banda derecha, Iniesta la izquierda y Messi la mediapunta. El resultado fue positivo y el Barça se impuso por 1 a 3. Sin embargo, el punto de inflexión seguramente se produjo en el Mundial de Clubs, cuando al descanso del partido contra Estudiantes dio entrada a Pedro por Keita para dibujar un 1-4-2-4 con el canario y Henry en las bandas que a la postre le permitiría alzarse con el título que completaba el Sextete. Desde entonces, el cambio de sistema pasó de ser un recurso puntual, a convertirse progresivamente en la propuesta principal.









