En un momento dado | El tridente que no fue
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Ibra_Messi

El tridente que no fue

Seguramente, Pep Guardiola nunca ha sido más ambicioso que en aquel verano de 2009. Tras levantar el primer triplete de la historia del F.C.Barcelona, seducir con su juego al plantea fútbol y regalar, en el mes que inauguró el 2-6 y cerró la Final de Roma, las más altas cotas de felicidad alcanzadas por el club catalán, y habiendo hecho todo esto en su primera temporada en primera línea como técnico, el de Santpedor se acercó al mercado de fichajes con la confianza, pero también el reto, de quien inicia el camino desde el lugar más alto. En solo un año de vida, el proyecto había alcanzado cimas que otros mucho más longevos nunca consiguieron coronar. ¿Cómo mejorar aquello? Seguramente solo con la perfección, y así pareció convocar Guardiola para los nuevos pasos que andaría su equipo, todo aquello que a buen seguro un día soñó aplicar cuando se imaginaba al timón de un gran banquillo. Al tiempo que desde dentro Sergio Busquets empezaría a eclosionar en la referencia que finalmente fue, el de Santpedor buscó fuera un secundario recambio en el lateral izquierdo y un central desconocido, pero que le tenía robado el corazón, con el que pretendía estirar hasta el infinito las posibilidades de la salida desde atrás. Pero por encima de todo, aquel fue el verano de la incorporación de Zlatan Ibrahimovic, un fichaje colosal. Quizá, el más florido de cuantos adornan la trayectoria del técnico y, en aquel momento, pese a lo que vendría después, su delantero centro soñado.

Por aquel entonces, aun con la sorpresa de Messi como falsa referencia contra Real Madrid y Manchester United, en la cabeza de Guardiola su Barça seguía teniendo un nueve, e Ibra era todo lo que de él podía esperar. Un punta involucrado en el juego al nivel de un centrocampista, capaz de tocar de espaldas para surtir de cara a los interiores, devolverle la pared a Leo cuando el argentino trazara la diagonal con balón y convertirse, a lo lejos, en solución para los centrales si el rival optaba por presionar la salida en corto de los Piqué, Márquez o Chygrynskiy. El Kluivert con quien tan bien se entendió desde el círculo central del Barça de Van Gaal. Con el holandés, Zlatan compartía su poco apego al área pequeña, e introducía dos defectos nuevos que tocaría disimular desde la pizarra: era menos móvil y apenas rompía al espacio. Guardiola incorporaba una nueva pieza a la construcción del juego, a cambio de renunciar a uno de los dos jinetes que unos meses atrás corrían al espacio para agrandar el cuadrilátero, de modo que el restante, Thierry Henry, iba a ver redoblada su importancia.  Recuperado para la causa la temporada anterior y ahora pieza imprescindible para que el nuevo ataque se armonizara, él sería el encargado de estirar en la dirección contraria a los apoyos del 9 y de ocupar la zona de remate cuando el sueco la abandonase. Un juego de encajes que ya desde la salida de balón parecía tenerlo todo pensado, aquella a la que se sumaba el anhelado Chygrinskiy sin perder a ninguno de los hombres fuertes del curso anterior y en la que Pep empezaría a experimentar con la variante lavolpiana.

Para esquivar la rigidez posicional del Touré mediocentro, el africano retrasaría su posición hasta situarse entre los centrales cuando éstos no encontraran un primer pase ganador. Como consecuencia, ambos laterales serían proyectados hacia arriba, un papel my indicado para el recién incorporado Maxwell y que implicó una cara mucho más exterior de Dani Alves en el Barça, que se mantuvo hasta bien avanzada la temporada pasada. Sumándole a esto que con el mediocentro vacío, los interiores tenían vía libre para comandar la base entrando en contacto con el balón desde abajo, el espacio abierto en la mediapunta se había aumentado considerablemente respecto al curso anterior con tal de que las diagonales de Messi y los apoyos de Ibrahimovic no entraran en conflicto por falta de campo para los dos. Pero los planes se empezaron a torcer muy pronto ya que a las recurrentes lesiones que arrastró Iniesta durante todo el año se les unió un declive de Henry que ya sería definitivo, y que cortocircuitaría de raíz el encaje de las tres piezas de ataque.

De ahí que los mejores partidos de tan magna delantera se concentraran principalmente al inicio de la temporada, aunque coincidieran de lleno con el proceso de adaptación que entonces atravesaba Ibrahimovic y que el sueco sorteó a gol por partido. La vuelta de la Supercopa de España contra el Athletic Club en el Camp Nou -la presentación de la nueva aspiración de Guardiola- o, también como local, el duelo liguero frente al Atlético de Madrid, probablemente sean los mejores testimonios de una idea que finalmente no lograría despegar. Ante los colchoneros, el día que por primera vez se juntaron sobre el césped los tres fichajes azulgranas de la temporada, los de Guardiola ya ganaban por 4-0 al descanso, con Piqué y Chrygrinskiy sacando el balón limpio junto a Valdés, Alves y Maxwell estirando por fuera, y Busquets y Keita (en ausencia de Iniesta) en el apoyo de un Xavi omnipresente. En la delantera, Henry y Messi se cerraban desde bandas -el primero por detrás de la defensa rival y el segundo por delante- mientras Zlatan combinaba su función de pivote con más juego al espacio del que demostraría después.

Sin el contrapunto profundo de Therry Henry que les facilitara la entente, el cada vez menos móvil Zlatan y un Messi cuya evolución era ya imparable, empezaron a chocar futbolísticamente sobre el campo. El sueco perdió a la pieza que debía aportar lo que, como nueve, a él le faltaba, y el espacio que ocupaban sus virtudes comenzó a ser reclamado por el definitivo estallido de Lionel desde el carril central. Los ecos de la experiencia como falso nueve se hacían notar en el crecimiento del 10, a quien además tuvo que encomendarse su equipo con más entrega si cabe, debido a los problemas que el plan inicial planteaba desde el momento en que algunas piezas básicas para su correcto desarrollo empezaron a fallar. El primer intento de Guardiola con la salida lavolpiana fue abandonado al tiempo que Busquets le ganaba el puesto a Touré, pues el canterano entre centrales tenía poco que decir, faltaba el desborde de Iniesta desde mediocampo que empujara la medular rival contra su defensa, y sin Henry, defender lejos del área para comerle espacios al 9 y al 10 salía gratis.

Ante semejante panorama, Pep primero trató de no renunciar a su idea buscando en Pedro su nuevo Henry, pero aunque el canario respondió con goles, puesto que los problemas del ataque no remitían, el entrenador se vio forzado a uno de los volantazos más pronunciados de su carrera en los banquillos. Renunció a su 4-3-3 en pos de descubrir en Xavi el arma definitiva que unos meses después le haría construir el equipo más dominador que se recuerda, dando cobijo al de Terrassa en un doble pivote con Busquets en el que el 6 encontrara el balón desde muy abajo y, teniéndolo, evitara que el rival amenazara a una defensa culé en desventaja. El 4-2-3-1 al que recurrió Guardiola tenía también la pretensión -de hecho era la principal- de crearle a Leo Messi una plataforma central que no entrara en conflicto con el juego de Ibrahimovic. Situándolo por detrás del punta y abriendo el campo con los hombres de banda, al 10 se le estiraba la lona y con las actuaciones que en ella reprodujo -como aquella con cuatro goles al Arsenal en el Camp Nou- el argentino convenció a su entrenador de que esta vez lo mejor era que su viaje al carril central no tuviera billete de vuelta.

Por eso, y después de que la primera remodelación no evitara la eliminación a manos del Inter de Milán, para no dejar escapar también la Liga, el Barça recuperó el 4-3-3 pero esta vez ya sin Ibrahimovic. Por segunda temporada consecutiva y seguramente anticipando lo que sería la siguiente desde un inicio, Messi finalizó el curso desde la posición de falso nueve, una función incompatible con la compañía de un delantero centro como Zlatan y que terminó por firmar la salida del sueco. Del tridente de cracks con que había empezado el segundo año del proyecto, ya solo Leo se mantenía en el once. Ahora, como pista de lo que serían las intenciones venideras, custodiado por dos piezas de inferior dimensión pero que en definitiva rentaban más porque no le ponían cortapisas de ningún tipo al fútbol que como un torrente emanaba del argentino. Pedro y Bojan -como Villa después- no reclamaban ningún protagonismo en la zona del 10, rompían al espacio para amenazar la espalda de la defensa si ésta salía y compensaban con su presencia rematadora la referencia vaporosa que ahora ostentaba el centro del ataque. Las victorias en Villarreal y Sevilla de aquel final de temporada, resultaron claves sentando las bases del siguiente verano y, hasta Neymar y Suárez, de la forma como entendió el Barça que debía acompañar a Leo Messi.

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4 Comments
  • Riera
    Posted at 15:18h, 15 octubre

    La verdad que visto con perspectiva fue una pasada la reconversión de Messi al centro, con su proceso para encontrar a sus acompañantes…

    … ¿En qué momento creéis que se torció el Messi falso 9? Recuerdo que con Martino seguía jugando allí. Fue con Luís Enrique. La verdad que ha pegado un bajón de goles considerable.

    ¿Pensáis que en un futuro próximo podría volver a esa posición, o ya es una evolución que no tiene vuelta atrás?

  • Halilović 10
    Posted at 17:48h, 15 octubre

    Joder bajon de goles, el año pasado metio 58 goles!! Su 3er mejor año en goles y 2do mejor en asistencias 27. Sin jugar de falso 9.

    Creo que se equivocaron con ese fichaje de Ibra y suerte tuvieron de poderlo vender aunque fuese perdiendo dinero, quizas lo ficharon tambien porque asi sacaban algo por Eto’o y se lo sacaban de encima, pero quien sabe como habria ido la temporada si se hubiera quedado Eto’o e Ibra en el Inter, Ibra a mi es un jugador que siempre me a parecido buenisimo pero a la vez un estorbo para construir grandes equipos, igual que el Toure actual del City, no son tan tan buenos para condicionar tanto a su equipo.

    • Riera
      Posted at 19:27h, 15 octubre

      @ Halilovic 10

      Pues tienes razón, me queda la sensación de que Messi marca menos ahora, pero mirando las estadísticas, no hay tanto bajón. De hecho, no hay bajón.

    • Iniesta10
      Posted at 11:29h, 17 octubre

      Estoy muy de acuerdo contigo en lo que dices de Ibra y Touré, condicionan demasiado sin ser super-determinantes. En el caso de Ibra es que además su fichaje fué claramente un error, porque no entraba al espacio y embotellaba a Messi cuando este iba hacia dentro.

      La idea de tener un 9 era (y es) buena, pero el tipo de 9 que hacía falta era más un jugador que entrara al espacio, por eso Luís Suarez está triunfando en el Barça y Ibra no lo hizo, a pesar de que es más prodigioso.

      Por ejemplo, el tridente actual del Barça es muy demoledor, y cada uno tiene su función específica, con Ibra teníamos dos dieces (distintos pero dos dieces) y ningún nueve puro.