En un momento dado | El regalo de Gerard López a Aleñá
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Gerard Lopez

El regalo de Gerard López a Aleñá

El Barça B sumó el sábado su tercera victoria consecutiva para dejar atrás la serie de tres tropiezos con la que había manchado su arranque de 2017. Después de Mallorca B y Cornellà, la pasada jornada su víctima fue el Gavà que dirige Óscar Mena y que nada pudo hacer ante una de las actuaciones más convincentes e imponentes del filial en lo que va de temporada. Coincidió ésta con el regreso de Carles Aleñá al equipo después de dos semanas viajando con el primer equipo, para quien Gerard López tenía preparada una cariñosa bienvenida. El técnico recibió a uno de los talentos más prometedores del equipo con un planteamiento a su medida, muy afín a la realidad de su presente y, a su vez, cómplice de lo que deberá ser su futuro. Uno plan que, por un lado, lo propulsara hacia la frontal del área que hoy su fútbol desea, pero que, desde ese grato favor lo llevara también a convivir con las zonas donde se esconde la manija del equipo y con las que en los próximos años deberá ganar familiaridad. La clave para que todo esto surgiera la tuvo la posición de Alberto Perea, normalmente extremo con tendencia a cerrarse sobre la mediapunta, pero que en esta ocasión, desde la derecha, invadía una y otra vez el espacio del interior.

Perea ejerció de falso interior derecho, permitiendo a Aleñá situarse sobre la vertical del pivote.

– Perea, falso interior derecho, permitió a Carles Aleñá centrar su posición.- 

La mediapunta, pues, era para Aleñá, formando como vértice superior de una suerte de rombo en el mediocampo barcelonista que tenía a Ferran Sarsanedas en la base y al citado Perea junto a Gumbau en los costados. Entre el mediocentro, que tanto en ataque como en defensa firmó un encuentro extraordinario, y el mediapunta, de este modo, se estableció una relación directa y vertical que una y otra vez lograba superar el 1-4-4-2 plano del Gavà con un pase que nacía delante del doble pivote visitante y que terminaba a su espalda. Esta unión entre Sarsanedas y Aleñá, que en campo rival dispuso al más adelantado cerca de la corona como pieza de aceleración y producción de ocasiones, se escenificó también en el inicio de la jugada, momento en el que, para superar la sutil presión de los dos puntas rivales, Ferran retrasaba su posición hasta situarse entre centrales y lograr así, junto a ellos, superioridad numérica en el primer escalón.

Como unidos entre ellos por una correa que no les permitiera alejarse más de lo debido, cada uno de estos descensos del mediocentro culé arrastró consigo a Carles Aleñá, que de este modo abandonaba su rol de mediapunta para hacer suya la base de la jugada. Con Perea y Gumbau por delante de su posición y ambos laterales proyectados y abiertos a los lados, cuando Sarsanedas se disfrazó de líbero él tomó su puesto en el pivote. La viabilidad del plan, y de la buscada superioridad numérica tanto en el inicio de la jugada como en el mediocampo, requería de un eficaz trabajo de sujeción de la línea defensiva del Gavà. Con tal de que ninguno de sus integrantes pudiera compensar la desventaja que, ante ellos, estaba sufriendo su mediocampo, Marc Cardona y Romera, uno de los cuales de partida se abría a banda izquierda para dar forma al 1-4-3-3, tomaban cuerpo de doble punta. Quedando las bandas para Palencia y un Moi Delgado que se mostró especialmente participativo y productivo con la pelota en los pies, la misión de los dos delanteros centro del filial blaugrana consistió en mantener activada la atención de los cuatro zagueros rivales o, en su defecto, en castigar la libertad que les concediera cualquiera de ellos.

Romera y Marc Cardona se situaron entre central y lateral.

– Romera y Cardona se movieron entre el central y el lateral de cada perfil.-

Así, cada uno en su perfil, Dani Romera y Marc Cardona ocuparon posiciones más lateralizadas, entre el central derecho y el lateral derecho uno, y entre el central izquierdo y el lateral izquierdo el otro, con tal de, siendo sólo dos, amenazar la posición de los cuatro. Si el central salía, el delantero respondía con un movimiento agresivo hacia el interior, y si era el lateral el que pretendía acudir en ayuda de su rebasada medular, el nueve realizaba un desmarque hacia el costado que abriera la posibilidad de progresar a la espalda del defensor que rompía la línea. El resultado de todo ello fue un ataque fluido en el que se multiplicaban las opciones de pase y las posibilidades de poner el balón a la espalda de un rival, en el que al Barça B no le costó esfuerzo acercarse a zona de peligro y en el que, tantas veces como lo hizo, llegó con la ventaja creada desde atrás.

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