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Juventus' Italian head coach Massimiliano Allegri looks on during the Italian Serie A football match between Genoa and Juventus on November 27, 2016 at the 'Luigi Ferraris' stadium in Genoa. / AFP / MARCO BERTORELLO (Photo credit should read MARCO BERTORELLO/AFP/Getty Images)

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La eliminatoria entre Juventus y Barça enfrenta a dos conjuntos, a priori, con una identidad futbolística muy arraigada, pero que sin embargo han marcado su temporada con una mutación. Si en el caso azulgrana ésta ha consistido en la reciente adopción del 1-3-4-3 como vía para la reacción, la Vecchia Signora que comanda Massimiliano Allegri ha optado, este curso, por sustituir su tan característico 1-5-3-2 por el 1-4-2-3-1. Los cambios entre ambos dibujos son muchos, yendo desde la incorporación de una pieza de ataque más a la presencia de un central menos, pasando, por ejemplo, por el desdoblamiento de las alas situando ahora en cada una de ellas a dos hombres en lugar de uno. Y es que la Juve, pese a la apariencia de continuidad que transmite tanto por su hegemonía doméstica como por algunas de las constantes futbolísticas que la singularizan, ha visto en los últimos años cambiar a varios de sus actores principales. Con respecto al equipo que se midió al Barça en la Final de Berlín, sin ir más lejos, Allegri sólo podría volver a alinear de inicio el martes a cinco futbolistas, por los diez que podría repetir Luis Enrique. Hombres tan definitorios del camino bianconero de los últimos tiempos como Pirlo, Vidal, Pogba, Tévez o Morata, han sido reemplazados por otros de virtudes distintas.

Es por eso que Allegri sin ellos ha ideado una nueva forma de ataque, que sin las posibilidades en el carril central y la frontal del área que ofrecían sus antiguas armas, ha abierto el foco de su atención hacia las bandas. La Juventus 2016-17 es un equipo más ancho, que extiende el campo con delanteros situados en las orillas y que, especialmente por la derecha, transcurre en paralelo a la cal y en dirección al banderín de córner. Juan Guillermo Cuadrado, otrora recurso agitador y plan alternativo, es hoy uno de los nombres que explican a la nueva Juve desde su sociedad por fuera junto al lateral derecho que lo acompañe, como vía de acceso al gol a través del centro al área. Ganando metros por fuera y cargando el área con tres potenciales rematadores como Higuaín, Mandzukic y Dybala. El argentino ex del Palermo, situado por detrás del punta con más aspecto de enganche que de segundo delantero, viene siendo la solución individual a la principal deficiencia colectiva que el cambio de esquema le ha acarreado al conjunto de Allegri: su juego en el carril central es demasiado plano. Dada la poca vinculación del resto de atacantes con la zona de tres cuartos, y debido a que con únicamente dos centrocampistas tanto Khedira como Pjanic deben permanecer más sujetos, cuando los italianos han afrontado escenarios de iniciativa en los que enriquecer su ataque posicional, Dybala se ha sentido algo solo. Dani Alves y el lesionado Marko Pjaca, bien desde el once o desde el banquillo, han resultado sus dos grandes apoyos a la hora de construir sociedades en la corona del área.

Sin embargo, ante un F.C.Barcelona que previsiblemente será protagonista con balón y buscará que el partido se localice la mayor parte del tiempo en la mitad juventina, el del ataque posicional probablemente vaya a ser un escenario que los de Allegri deban afrontar poco. En su lugar, la transición, en la que encuentran la forma de generar peligro sin necesidad de abrir y exponer al sistema, sobre el papel podrá atacar unos espacios que ante el Barça del 1-3-4-3 resultarían especialmente interesantes. Contra una zaga de tres centrales y sin laterales que a la hora de protegerse tienda a cerrarse sobre el carril central, la amplitud adquirida por el 1-4-2-3-1 juventino hallaría habilitado un camino hacia los puntos ciegos del planteamiento defensivo culé. El colombiano Cuadrado con Lichtsteiner o Dani Alves por la derecha, y más Alex Sandro que Mandzukic por la izquierda, escenificarían el tipo de amenaza que ya castigó al Barça ante Atlético, Sporting o Celta en las figuras de Yannick Ferreira Carrasco, Burgui o Théo Bongonda. Un camino que no únicamente funciona como arma de ataque sino también como desahogo defensivo, pues si los italianos edifican en los carriles autopistas despejadas a través de las cuales ganar metros, estarán logrando también una forma de girar a la estructura blaugrana y ponerla a correr hacia Ter Stegen, interrumpiendo así su ritmo de ataque y obligándola a alejarse de la mitad del campo que, por preferencia, desearía no abandonar.

Junto al cariz exterior que ha tomado su ataque, la otra gran diferencia de la actual Juventus respecto a la de las últimas ediciones de la Champions, tiene que ver con la ruptura de su trío de centrales. Andrea Barzagli, Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini, la otra BBC, han singularizado a los turineses desde hace años, tanto como emblema como por el contagio de su autoridad en el área. Formando los tres, la fortaleza de la combinación residía en un factor triple: su defensa junto a Buffon de la zona de remate, la delimitación del espacio que cada uno debía atender y la posibilidad, por ello, de brindar correcciones a su alrededor. Las anticipaciones sobre todo de Bonucci y Chiellini a la zona del mediocentro, se producían con la tranquilidad de mantener la espalda protegida por sus dos compañeros. Ahora, no obstante, la decisión de pasar a defensa de cuatro, por lo tanto, ha supuesto sacar del once a uno de sus tres integrantes -habitualmente Barzagli- variando las coordenadas de la zaga transalpina. Más anclados y, al mismo tiempo, con un mayor espacio que gestionar, tener en frente a un delantero centro de las características de Luis Suárez parecería en teoría uno de los escenarios que más a prueba pueden poner a la nueva última barrera del equipo de Allegri. Por su movilidad, desmarques entre centrales y hacia la espalda del lateral, por su habilidad castigando el más mínimo error, llevando al límite la exigencia del marcaje o agrandando cualquier centímetro de área conquistado, ante el uruguayo tener un central menos siempre significa extrañar a alguien.

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– Foto: Marco Bertorello/AFP/Getty Images

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2 Comments
  • Michel
    Posted at 17:05h, 11 abril Responder

    Las atenciones del central diestro a Neymar, si la Juve juega con defensa de cuatro, puede hacer que Suárez decida incluso la eliminatoria en Turín si su grado de acierto es alto.

    • Morén
      Posted at 19:13h, 11 abril Responder

      La verdad es que Suárez es una trastada para los centrales de la Juve si finalmente de inicio sólo forman dos. Pocos como él castigando cualquier centímetro libre, y siendo menos repartiéndose el mismo espacio es más posible que los haya. En todo caso, yo no descarto que la influencia de Neymar se focalice un poco por detrás, en la línea de lo que viene siendo las últimas semanas que incluso está jugando por debajo de Messi. En este sentido, intuyo un efecto parecido al que comentas pero más que sobre el central, sobre el pivote derecho, con todo lo que esto supone para “la zona Messi”.

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