En un momento dado | La catedral de Pablo Machín
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Atletico's and Girona's players observe a minute's silence for the victims of Barcelona's attack before the Spanish league football match Girona FC vs Club Atletico de Madrid at the Municipal de Montilivi stadium in Girona on August 19, 2017. / AFP PHOTO / PAU BARRENA (Photo credit should read PAU BARRENA/AFP/Getty Images)

La catedral de Pablo Machín

Sobre la Catedral de Santa María de Girona se escribió hace siglos que parecía aplastar la ciudad. Que por su alzada localización, la estrechez de las callejuelas que la rodean y lo agudo de su encaje en la hoy parte más antigua de la localidad, la vertical estructura se imponía como un referente visual y simbólico mezcla de autoridad y protección. A lo largo de las últimas temporadas, en la siempre áspera Segunda División española, el sistema de Pablo Machín ha jugado un papel parecido. Diferenciando a los suyos en un campeonato que tiende a igualar tanto en las formas como en el fondo, dando a su propuesta un barniz de mando que en la categoría de plata suele repartirse mucho más, y proporcionando al equipo ventajas previas a modo de abrigo. Exigente y arriesgado a la par que agradecido y dominante, el sistema de juego del Girona es una ecuación nueva a resolver para la máxima categoría. Una doble prueba que por un lado medirá las respuestas y el aprendizaje de los rivales ante este nuevo vecino, y que por el otro calibrará la cintura del técnico soriano cuando éstas lleguen. Mientras la Primera División no le obligue a mover ficha de nuevo, ser tácticamente, a grandes rasgos, el equipo que fue en Segunda, le ha valido en el arranque liguero para promediar un punto por jornada en un estreno que, como bienvenida, lo ha enfrentado en las primeras de cambio con adversarios de la talla de Atlético de Madrid, Athletic Club o Sevilla. La próxima prueba: el Barça.

Girona XIDe predisposición intensa, marcadamente vertical y de fuerte ímpetu ofensivo, el Girona de Pablo Machín es un conjunto que prefiere que las cosas sucedan lejos de su propia portería. Que la altura de los carrileros que ocupan las bandas de su característico esquema de tres centrales, los dibuje más tiempo abriendo el campo como extremos que cerrando el costado como laterales al uso. Para cumplir con lo ambicionado y que así sea, la propuesta catalana necesita cumplir con dos condiciones: hacer llegar el balón arriba y que, una vez éste cambie de manos, la respuesta sea una presión adelantada contra el intento de salida del rival. En lo primero juega un papel fundamental la base compuesta por tres futbolistas que le permite el dibujo, ensanchando el inicio del juego, provocando la superioridad numérica ante un hipotético tapón planteado por la pareja de delanteros contrarios, y abriendo con claridad las conexiones entre los centrales más externos y el hombre encargado de ocupar cada uno de los carriles. El lazo entre Alcalá y Maffeo en la derecha, y entre Muniesa y Aday en la izquierda, construyen una vía para el avance sostenible y, dado su carácter exterior, menos expuesta en caso de error en el pase. A la hora de sacar el balón, el perfil protagonista en el equipo es el izquierdo, donde al tándem central-carrilero (en el que puede participar Mujica pasando Aday Benítez al lado derecho) se le suma la exquisita zurda de Álex Granell. El catalán, bajando unos metros su posición y, si es preciso, escorándola ligeramente hacia la cal, encuentra los espacios necesarios para intervenir y dar temple a la fase inicial del juego gerundense cuando ésta es acosada. La voluntad de esquivar pérdidas comprometedoras tan abajo y por dentro, se observa también en la elección de una alternativa directa buscando la cabeza de Stuani y la disputa del rechace ya en la mitad que defiende el conjunto adversario.

- De izquierda a derecha, los pases de Muniesa, Alcalá y Granell, y los centros del Girona al área, contra el Atlético.-

– De izquierda a derecha, los pases de Muniesa, Alcalá y Granell, y los centros del Girona al área, contra el Atlético de Madrid. (vía squawka.com)-

En campo contrario, el sistema de Machín es un juego de equilibrios entre el desarrollo exterior y el peso del carril central. Según el momento de la acción, ambos atraen atenciones y, con ello, liberan espacios para el otro. Cerca de la cal, por ejemplo, los dos mediapuntas -Borja García y Portu- ofrecen siempre una opción de apoyo para los carrileros, que permita bien el avance o bien la descarga. Mantienen el balón en la orilla, arrastran hacia su zona la atención de los rivales y a continuación redirigen el sentido del juego hacia las partes del campo desatendidas. El cambio de orientación de Granell, sin ir más lejos, adquiere condición estructural a la hora de habilitar la posición de Maffeo atacando el lado débil después de que el Girona haya salido por la izquierda. Dibujando el mediocampo gerundense una suerte de cuadrado, los dos vértices superiores, pues, son los que trasladan la superioridad del sistema según sea su posicionamiento. Abiertos cuando se trata de progresar por fuera, en la frontal para disputar la segunda jugada y para cargar el área, o aproximándose al doble pivote para alargar cadenas de pases por dentro. Ahí Granell y sobre todo Pere Pons, se convierten en protagonistas desde la movilidad, el pase y la lectura con tal volver a acumular atenciones liberando así los carriles. El Girona entra y sale, y a lomos de ese oleaje encuentra las puertas abiertas que su plan necesita para instalarse arriba, cercar el área y pretender que el juego se aleje lo menos posible de ella.

- De izquierda a derecha, los pases de Pere Pons, y su mapa de calor, el de Portu y el de Borja López contra el Atlético de Madrid. (vía squawka.com).-

– De izquierda a derecha, los pases de Pere Pons, y su mapa de calor, el de Portu y el de Borja López contra el Atlético de Madrid. (vía squawka.com).-

Hasta la fecha, no obstante, su camino más habitual para amenazarla ha resultado, con diferencia, la insistencia en el centro lateral. Tanto desde la derecha como desde la izquierda, los balones colgados desde las bandas en dirección a la cabeza de Stuani han sido el último paso. Uno gracias al cual poder introducir el esférico en zona peligrosa para que el uruguayo, con la ayuda de Portu, intente cazarlo para anotar, o para que embotellando de este modo al adversario, la frontal y sus inmediaciones se conviertan en un perímetro dominado por los catalanes desde el que cual controlar la transición ataque-defensa. Y es que mientras los de Pablo Machín se hacen fuertes cerca del arco rival, cerca de su propio portero tienen más dificultades. Por la distancia que deben recorrer las ayudas en banda, por la exigencia de cerrar el espacio entre las líneas de un conjunto con alma de presión, y por la inseguridad que por el momento no ha logrado sacudirse Gorka Iraizoz a la hora de imponerse en su zona. En este sentido, la incorporación en verano de Bernardo, un central cómodo y autoritario cuando tiene que defender dentro del área, ya adivinaba las intenciones del equipo de poder adaptarse a nuevos escenarios que le discutan la iniciativa. Afirmaba Machín, antes de arrancar el curso, que en Primera serían el Girona que habían sido mientras lo pudieran ser, conscientes de que podría llegar el momento en que no se lo permitieran. En que no fuera sostenible. ¿Qué serán contra el Barça?

– Foto: Pau Barrena/AFP/Getty Images

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