En un momento dado | Ter Stegen: De la acción al juego
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BARCELONA, SPAIN - OCTOBER 18: Marc-Andre ter Stegen of FC Barcelona looks on during the UEFA Champions League group D match between FC Barcelona and Olympiakos Piraeus at Camp Nou on October 18, 2017 in Barcelona, Spain. (Photo by David Ramos/Getty Images)

Ter Stegen: De la acción al juego

“Debe haber un riesgo calculado. Pero cometer fallos no es malo, te enseña cosas que se pueden cambiar”.

Marc-André ter Stegen.

 

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Marc-André ter Stegen es uno de los pilares de los buenos resultados y, sobre todo, de la fiabilidad que viene demostrando el Barça de Ernesto Valverde. Incorporado para reinar durante una década, y después de dos temporadas de protagonismo compartido, hoy, como dueño indiscutible del arco azulgrana, el alemán ha dejado atrás las promesas y las ha cubierto de un manto poderoso de realidad. Como si su crecimiento le necesitara como única opción, para así  evolucionar desde una tranquilidad que le ha permitido adentrarse en zonas que le eran menos confortables, pero a partir de la cuales el año 2017 ha dado lugar a su despegue definitivo. A una madurez y consolidación que han servido para juntar y enfocar en el buen camino el ramillete de condiciones y posibilidades que siempre han compuesto al portero de Mönchengladbach. Que le han afilado el uso. El Marc-André ter Stegen que aterrizó en Barcelona, además de una proyección de tintes muy especiales, era la concreción de dos virtudes radicales y en bruto: unos enormes reflejos para la reacción bajo palos, y una técnica jugando el balón con los pies capaz de darle un nuevo significado a la demarcación. Dos herramientas convertidas en sus dos grandes avales, escudo o lanza según conviniera. Un ejecutor casi perfecto. Sin embargo, ahora, Ter Stegen ya es algo más. El motor de esas herramientas que singularizaban el desempeño del guardameta ya no son ellas mismas. Hay algo más detrás. Las virtudes concretas se han convertido en juego y globalidad, habiendo podido multiplicar, así, su influencia.

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De parador a dominador:

Como se ha señalado en el párrafo inicial, Ter Stegen siempre ha tenido unas condiciones privilegiadas para responder a una ocasión de gol rival. Rápido, ágil, explosivo, intuitivo y fugaz en la reacción, su zona de confort a la hora de atajar venía estando muy próxima a la línea de gol. Y en ella pareció refugiarse cuando más competido tuvo su lugar, pues, de hecho, en sus primeros años en Barcelona tendió más a ello que en sus últimos en Alemania (Imágenes). Con la referencia cercana de los tres palos y alargando así el recorrido de los disparos, encontraba un extra de tiempo en el que acomodar su escorzo. En este tipo de situación, los pasos del alemán estaban enfocados a la última respuesta. A la intervención inmediatamente previa al gol. A la solución de un problema en forma de ocasión en contra. A la parada sobre la línea.

Su nuevo y mejorado yo, no obstante, ha dado un paso hacia adelante. Ahora mira más allá buscando efectos en una mayor parte de su área, algo que le está permitiendo hacerse con parte de la jerarquía defensiva que el irregular momento de forma de gerard Piqué ha dejado a disposición suya y de Samuel Umtiti. Jugando un metro por delante de lo que acostumbraba, la influencia del portero ya no se localiza solamente sobre la línea, sino que se expande por el área llegando también a sus centrales. Ya no es una pieza que participe como solución a una ocasión recibida, sino que es parte decisiva en qué tipo de ocasión será. Más agresivo moviéndose por sus dominios, cómodo por delante del área pequeña y ejerciendo de colchón y trampolín para la línea defensiva, su nueva altura le resta décimas pero le suma espacio. El que recorta a la trayectoria del balón y el que, alejando su intervención del filo de la navaja, le permite transmitir desde ella una mayor seguridad al resto.

Del salto a las puntas:

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, Marc-André ha mejorado ostensiblemente en el orden de su movimiento de pies. Dado que su posición es más estable, también lo es la forma de situarse en ella. Años atrás era habitual ver al alemán saltar sobre su eje repetidamente mientras aguardaba el disparo del delantero, como una permanente búsqueda de reacción e impulso orientados a la posterior parada. Saltar, sin embargo, implica perder por un instante el punto de apoyo y, por lo tanto, el control sobre el punto de origen del desplazamiento. Mientras alrededor la situación se modifica continuamente, el portero sólo puede hacerlo intermitentemente cada vez que sus pies vuelven a contactar con el césped. El “pataleo” apresurado y desordenado en pos de corregir este contratiempo, así como el desacompasamiento con respecto a la acción del rival, son dos de sus efectos negativos, sirviendo como claro ejemplo del tanto que en 2015 Thomas Müller le marcó a Ter Stegen en el Allianz Arena.

Los pies del germano vuelven a contactar con el suelo cuando el disparo de su compatriota ya ha salido de su bota derecha, haciendo ir tarde la estirada del guardameta barcelonista. El cambio de Ter Stegen, a propósito de esta cuestión, ha consistido en una sustitución de ese encadenamiento de saltos por el uso de las puntas de los pies como superficie de apoyo. Ahora son menos los momentos en que ambas botas del guardameta pierden el contacto con el césped, dándole un mayor control de los tiempos y de la situación, y más posibilidades de actuar sobre ella de una forma continuada. Sin cortes, y reduciendo el impulso a un único salto previo al que a continuación acompaña la estirada definitiva. Sin haber perdido reacción, plantarse de un modo más firme sobre el campo, pues, está habilitando al guardameta para moverse por su zona de una forma más segura, y afianzando cada nueva posición con la que espera responder al desarrollo del ataque rival.

De ejecutor a arquitecto:

También a la hora de manejarse con el esférico el juego de Marc-André ter Stegen ha evolucionado. Su primorosa habilidad técnica se ha puesto al servicio de una mayor iniciativa a la hora de definir los escenarios tácticos. Provisto de un golpeo extraordinario, el juego de pies había dibujado muchas veces al alemán como un lanzador, un ejecutor sobre paisajes previamente dados. Capaz de activar cualquier servicio ya fuera con el pase corto o el envío largo, durante tiempo resultó una estampa habitual ver al guardameta pisando el balón y deteniéndolo bajo sus tacos después de recibir el pase de un compañero, aguardando a que cada pieza tomara posiciones y ocupara su lugar. Reconfigurando un nuevo inicio en el que suyo sería el primer servicio. Hoy, sin embargo, han cambiado dos aspectos cuando Ter Stegen participa de la jugada con los pies.

En primer lugar, su relación con la combinación ha ganado en continuidad. Toca más rápido y mapea más a menudo la panorámica antes de recibir el cuero, para poder decidir su destino sin necesidad de detener el juego. De este modo resta tiempo al contrario para organizar su defensa en primera línea y dota de mayor fluidez la combinación culé cerca del área propia. El pase de Marc-André puede ser el vehículo que conecte a dos compañeros, sin necesidad de ser cada vez un nuevo punto de arranque. La segunda diferencia es que su iniciativa a la hora de generar las situaciones que acogen la salida de balón culé se ha incrementado. Su valor en esta fase del juego ya no se concentra sólo en su precisión como ejecutor del pase, sino que a través de una mayor jerarquía y mejor toma de decisiones influye en la disposición, movimientos y elecciones tanto de oponentes como de acompañantes. Dirige a unos y condiciona a otros, para construir determinados paisajes y sacar provecho desde la ventaja de quien les ha dado forma a consciencia.

 

– Foto: David Ramos/Getty Images

2 Comments
  • Culé de Chamberi
    Posted at 18:03h, 14 diciembre

    Buenisimo Albert, como te he dicho en Twitter.

    Muy exhaustivo y acertado. Te dejo algunas sensaciones mías alrededor de lo que cuentas.

    La cuestión posicional era algo que vendría más pronto que tarde. De hecho era bastante contradictorio que MAts fuera tan agresivo en la construcción y tan poco agresivo posicionalmente, más cuando las primeras veces que le ví, en el Borussia, era mucho más agresivo, casi nivel Neuer. De hecho, cualquier portero que destaque en el juego con los pies tiene casi 100% una tendencia a ganar esos metros posicionales en posición defensiva.

    La cuestión postural es la que a mi modo de ver le ha hecho dar el salto definitivo. Cuando has jugado de portero, rápido te das cuenta en la necesidad de que te pille el momento de la reacción necesaria con los pies en el suelo para disminuir el tiempo de reacción a lo que tus aptitudes te permitan. Además, en mi opinion hay una cuestión adicional que emana del hecho de posicionarse sobre las puntas de los pies (aquí hay que darle todo el crédito del cambio a J.Ramon de la Fuente, su entrenador) Estar sobre las puntas implica automáticamente que tu centro de gravedad se adelante más que cuando saltas (que se mantiene sobre la vertical) por lo que eres más eficaz el primer paso lateral y en la batida, además de facilitar la reacción en la salida al achique.

    Con el balón, lo de que ya no pisa y para el balòn, ralentizano el juego es muy claro, pero además, su toma de decisiones, un tanto errática en la primera parte de la temporada pasada la ha mejorado brutalmente, interiorizando el ratio riesgo/beneficio, y evitando algunas salidas a banda que a ojos de sus compañeros, seguro que le restaban seguridad, pese a sus condiciones. Además, creo que hay un progreso claro en entendimiento del juego y de sus compañeros. Sabe por dónde el equipo está saliendo más limpio, y lo potencia. De hecho esta temporada el lado Umtiti-Alba-Iniesta es claramente dominante,

    En resumen, no solo ha colmado las expectativas que sus condiciones hacían vislumbrar, sino que ha dado un salto.

    Ojalá siga mucho tiempo a este nivel, porque me es difícil imaginar que todavía tenga margen para mejorar, aunque no lo descarto del todo.

    • Morén
      Posted at 02:45h, 16 diciembre

      – El hecho de que durante sus primeros años en el Barça jugara más cerca de la línea que en Mönchengadbach fue una de las cosas que más me sorprendió preparando el artículo. De hecho fui a buscar partidos de esa época esperando utilizarlos, precisamente, en el sentido contrario, como si el proceso hubiese sido una proceso lineal de crecimiento y maduración. Mi impresión al reparar en que, al menos en este punto concreto, no ha sido así, es que el tema de competir el puesto con Claudio Bravo llevó a Ter Stegen a “pelear” con sus cartas ganadoras (técnica con los pies y reflejos bajo palos) y que por eso se protegió en esas zonas de confort.

      – Yo durante un tiempo practiqué judo, y observando esta cuestión también lo relacioné. También se debe evitar moverse levantando ambos pies del suelo, para no perder apoyo y quedar a expensas de la acción del contrario sin margen para la reacción. A riesgo de que te pase esto https://www.youtube.com/watch?v=Wss5O4oCPFQ ^^.

      – Seguramente a ese mayor entendimiento del juego haya contribuido también el hecho de que el juego del Barça en general y su salida de balón en particular esta temporada está más sistematizada que en las últimas. Que la propuesta sea más posicional, que tenga más pautas… le da a los jugadores “una guía”.