En un momento dado | El nueve de García Pimienta
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El nueve de García Pimienta

Cuando en 2015 el Barça B descendió a 2ª B, el verano culé llevó al Miniestadi casi una decena de refuerzos con la misión de regresar lo antes posible a la división de plata. Esta temporada, en cambio, a escasos días de cerrarse el mercado, el mundialista Wagué es el único integrante de la plantilla sin vinculación anterior con el club. Aunque los últimos coletazos de agosto puedan confirmar alguna operación para redondear el equipo, la receta, a priori, parece haber cambiado. El camino del Barça B, para competir, se intuye otro. Uno en el que, en lugar de adaptar su aspecto a la realidad de la categoría con tal de aunar armas equivalentes a las de los demás, mantener su distinción en tanto que filial, afilar los argumentos a favor que le otorga su condición y tratar de imponer su singularidad sobre los rivales. La elección del García Pimienta para guiar los pasos del equipo, la línea seguida durante el verano y la abundante promoción de futbolistas procedentes del juvenil azulgrana, se antojan pistas claras al respecto. No en vano, hasta nueve de los jóvenes que el pasado mes de abril levantaban la Youth League ante el juvenil del Chelsea formaron parte, el domingo, de la primera convocatoria del curso del Barça B.

“Todo el mundo sabe que estos jugadores tienen muchísima calidad, pero también que son muy jóvenes. (…) Nos tenemos que hacer fuertes con esto”, Gª Pimienta.

El estreno del filial barcelonista en el campo del Alcoyano, en este sentido, resultó un anuncio perfecto del reto que se le plantea al Barça B en su regreso a la tercera categoría. Ante un rival incómodo y sobre un terreno de juego poco grato, el debut de los culés fue, en parte, más que el combate en sí, la pelea para definir sus términos. Por dirimir el tipo de enfrentamiento y si en él pesaría más la experiencia y adaptación a la categoría de los locales, o el talento y la calidad individual de los visitantes. Si el Barça B podría expresarse, sobre el césped, como el filial que es o se vería obligado a una batalla que no domina. Con tal de hacer pesar lo segundo, el Alcoyano apostó por conceptos tales como la presión y el juego directo, caminos que, con balón, llevaran al Barça B a defenderse cerca del área en inferioridad física, y que sin él le dificultaran un avance cómodo. Sobre todo cargando el perfil izquierdo de su ataque, donde a raíz de las ausencias de Wagué, Morey y Guillem Jaume el lateral fue para Morer, y llevando hacia ahí los centímetros de varias de sus piezas para desencadenar una disputa de la segunda jugada que les permitiera situar arriba la acción sin necesidad de demasiados pasos previos.

Justamente ese mismo carril -el izquierdo del ataque local y derecho del ataque visitante- fue también el elegido por García Pimienta para asentar arriba a su equipo y, con ello, lograr el objetivo de dibujar un partido favorable en el que el juego se concentrara en la mitad rival, permitiera tener juntas las líneas del filial tanto en la circulación como en la recuperación, y potenciara determinados mecanismos del fútbol del B naturales del juego de posición. Para conseguirlo, uno de los caminos que más veces recorrieron los culés fue el de diseñar escenarios de uno contra uno de Carles Pérez ante su par, como el que dio origen al único gol azulgrana. Con el extremo inicialmente clavado y separado, estirando de su marcador y alejándolo de las ayudas, el equipo explotó la rutina de, primero, llevar el juego al perfil zurdo del campo para vaciar la banda de Pérez y, a continuación, cambiar el juego hacia el extremo. Así pues, desde el interior derecho Collado se adentró frecuentemente en la mitad izquierda del campo, movilizando al sistema defensivo rival hacia uno de los lados de modo que Jorge Cuenca, Mirando -como en la acción del gol- o sobre todo Riqui Puig, pudieran encontrar al extremo en disposición de encarar o, al menos, girar a la defensa abriendo espacios para la recepción de cara de su mediocampo a través del pase atrás.

Además de a los centrocampistas, el plan del Barça B reservó un papel de notable importancia a su delantero centro, más protagonista en los movimientos sin balón que participativo en la circulación. De este modo, y a pesar de que su contribución en el apoyo de espaldas no fuera menor, la misión principal que desempeñó Rafa Mújica fue la de procurar con sus movimientos el escenario adecuado para el compañero en cada ocasión. Sujetando al central izquierdo del Alcoyano cerca del derecho para que Carles Pérez tuviera el uno contra uno en banda, abriendo el pasillo interior a las incursiones de un responsabilizado Collado, o empujando hacia atrás a la zaga para que la segunda línea tuviera más espacio y más tiempo para tocar y decidir, el suyo fue un trabajo oculto y sin recompensa pero presente. Ya durante la pretemporada demostró García Pimienta una gran confianza en delantero canario, insinuando una condición inicial de titular que le abrió las puertas del once por delante, nada más y nada menos, que de la perla Abel Ruiz. Curiosamente, en aquella Youth League de la que ahora bebe el Barça B, éste jugó en la banda.

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