En un momento dado | Fuera de posición
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Barcelona's Crotian midfielder Ivan Rakitic (2ndR) vies with Eindhoven's midfielder Ramon Pascal Lundqvist (R) during the UEFA Champions League football match between PSV Eindhoven and FC Barcelona at Philips stadium in Eindhoven on November 28, 2018. (Photo by JOHN THYS / AFP) (Photo credit should read JOHN THYS/AFP/Getty Images)

Fuera de posición

Si la consolidación de Arthur Melo en las alineaciones del Barça supuso, a nivel de juego, un punto de inflexión en el inicio de temporada de los de Valverde fue porque, más allá de su desempeño individual, el impacto del brasileño tuvo una vertiente marcadamente colectiva. Por aterrizar en el Camp Nou después del adiós de Andrés Iniesta y respondiendo a un perfil que el club venía esquivando desde hace algún tiempo, por permitir el reordenamiento de piezas como Coutinho, y por invitar a jugadores como Busquets o Messi a un tipo de relación que les favoreciera, su entrada en el once no sólo introdujo a un interior distinto sino que trajo consigo una estructura para el conjunto y una idea -la del control- que compartir. El Barça de Arthur nació en Wembley, derrotando al Tottenham de Pochettino, y continuó su andadura en la Champions con dos muy buenos partidos ante el Inter de Milán. Antes y después el PSV Eindhoven ha conseguido esquivarlo, y aunque el cuadro de Van Bommel ha saldado con derrota ambos duelos, ha sido el adversario frente al que peores sensaciones han dejado los culés. El holandés es un conjunto abierto, vertical y de agresión, contra quien el Barça no pintó el partido con sus colores.

La herida estructural de los azulgranas en el Philips Stadion no la causó únicamente la ausencia de Arthur, por emblemática que esta sea, sino que recibió arañazos desde múltiples direcciones. Por ejemplo, la baja de Sergi Roberto en el lateral derecho, aunada a la del brasileño, restó credenciales a la salida de balón del Barça, y propició una de las claves del choque: la altura a la que jugó Sergio Busquets. El catalán, a pesar de formar como el elemento más retrasado del mediocampo, es un pivote cuya influencia adquiere mayor determinación cuanto más cerca está de la portería contraria. Como punto de apoyo para la circulación, paréntesis en el que esconder el cuero, fuente de conexiones en vertical o tormenta feroz en la presión, los beneficios que suele sacar de él su equipo aumentan en la medida que puede activarse lejos de sus propios centrales. Anoche, sin embargo, el Barça lo necesitó en el primer escalón del juego para encontrar pases limpios. Los dio, pero su participación tan cerca de Ter Stegen abrió la puerta a una serie de dificultades extra en las posteriores fases del juego. Le costó a los visitantes, sobre todo, compactar las líneas tanto en ataque como en defensa, toda vez en el núcleo de su juego no situó la pieza que con el esférico sirve de apoyo y sin él ejerce como estandarte de la recuperación, lo que derivó en un conjunto abierto a la hora de atacar y con dificultades para consolidar una transición tras pérdida eficiente.

PSV 1

Con Leo Messi intercambiando alturas con un Arturo Vidal que partió como interior derecho y que con el paso de los minutos, cada vez más, cedió el centro de mando al argentino para convertirse en el futbolista más adelantado del equipo en el carril central, y un Rakitic ciertamente incómodo en el perfil izquierdo, uno de los hombres más activos del Barça fue Dembélé. Alternando la banda y el centro sin asomarse desprotegido al abismo de la pérdida, conectando por dentro hacia Messi y por fuera hacia un Semedo con quien acostumbra a mostrar buen entendimiento compartiendo el carril, jugó con mayor fluidez que un Coutinho de nuevo valioso sin la pelota pero demasiado encallado dando agilidad al juego en el carril que más extrañó la referencia de Arthur. Junto a la ausencia del brasileño, la altura a la que jugó Busquets y el cambio de posición de Leo, la cuarta pata que sustentó la pérdida de estructura táctica de los de Valverde fue la pérdida de los movimientos de Luis Suárez desde la punta, esos que, habitualmente, sirven como guía y estímulo para el camino de sus acompañantes. Así las cosas, sin pase atrás que lo juntara, ni el ataque azulgrana en general ni su circulación en particular alcanzaron el nivel de velocidad y sentido que han logrado en las mejores noches del curso, provocando una transición defensiva especialmente expuesta.

PSV 2

El plan de Van Bommel no fue complejo, pero sí tremendamente eficaz, sin cambio de nombres pero con un posicionamiento distinto de sus hombres de vanguardia que encajó con tino sobre las debilidades del rival. De Jong, habitual referencia, en esta ocasión retrasó varios metros su posición para defender prácticamente como un centrocampista y atacar el carril central desde atrás. Objetivo en el juego directo para desencadenar un ataque a partir de la prolongación o la segunda jugada, el holandés, además, se benefició del trabajo de extracción de los centrales que realizaron Bergwijn y Lozano. Prácticamente como una pareja de delanteros, los habituales extremos del PSV atacaron insistentemente con desmarques dentro-fuera la espalda de los laterales del Barça, aprovechando que el errático desempeño ofensivo de los culés nunca permitió afrontar el reto desde una posición estable. Sacando a Lenglet y a Piqué sobre las líneas de banda, abriendo el centro a De Jong, girando al Barça e invitando a la llegada por fuera de los laterales, conquistaron con continuidad los de Van Bommel zonas próximas al área de Ter Stegen. Aunque luego en ellas no lucieran el mismo acierto que sí mostró Messi en la contraria.

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– Foto: John Thys/AFP/Getty Images

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