En un momento dado | Cuando Messi no tiene a Jordi Alba
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Lionel Messi of Barcelona celebrates with teammates Jordi Alba and Ivan Rakitic after scoring their team's second goal during the La Liga match between FC Barcelona and Valencia CF at Camp Nou on February 2, 2019 in Barcelona, Spain. (Photo by Alex Caparros/Getty Images)

Cuando Messi no tiene a Jordi Alba

Pocos jugadores en Europa han evolucionado más que Jordi Alba en los últimos tres años. Provisto de técnica y de determinadas características físicas de enorme impacto desde antes de su llegada a Barcelona, no fue hasta el segundo curso bajo la tutela de Luis Enrique que su fútbol empezó a ir más allá. Progresivamente, aunque de forma muy evidente, su juego fue dejando atrás el ímpetu desenfrenado y un apasionamiento casi precipitado supliéndolo con un grado de reflexión, interpretación y lectura que hasta entonces el lateral no había insinuado. Reposado en salida, cerebral en el desarrollo y lúcido en los metros finales, poco a poco Jordi dejó de ser remolino para convertirse en cirujano. Como los buenos crecimientos, además, el suyo no recogió un efecto meramente individual, sino que de su mano ha permitido que el equipo, año a año, haya podido encontrar en él nuevas posibilidades, siendo la más competitivamente relevante la relación que establecen sus subidas con el pase y el remate de Leo Messi. Su conexión es parte fundamental del sistema de juego culé y, seguramente, su automatismo más productivo. En ella nacen cuestiones que, sobre todo desde la salida de Neymar JR., el Barça difícilmente encuentra en otros.

Jordi Alba es un cambio de carril cuando las defensas rivales se cierran sobre la posición centrada de Leo, la forma más sencilla que tienen los blaugranas de alcanzar la esquina, el futbolista que más recurrentemente permite poner de espaldas a la defensa rival, y el asistente que mejor aprovecha con la dejada hacia atrás el espacio abierto entre la zaga y el mediocampo en zona de finalización. Incluso cuando a los azulgranas les falta juego (no así cuando les falta salida), la de Jordi Alba es siempre una posibilidad encendida. Por otro lado, la importancia del lateral se subraya por el hecho de que la plantilla barcelonista no disponga ni de un relevo de perfil similar ni de un sendero alternativo que suavice los efectos de su no presencia. El juego del Barça necesita a un Jordi Alba, pero sólo tiene a uno. Aunque no siempre. El sábado, contra el Valencia en el Camp Nou, Ernesto Valverde optó por dar descanso al catalán junto a Lenglet y Arthur Melo, y en su lugar volvió a probar con Sergi Roberto en la banda izquierda. No fue el único cambio de índole táctico que experimentó el Barça ante los de Marcelino, pues la ausencia combinada de Arthur y Busquets dibujó una línea medular de nuevo con una variación en su estructura: si recientemente el mediocampo culé había pasado de situar a sus tres integrantes sobre el mismo plano a adelantar la posición del interior derecho para situar a uno de ellos en una altura superior, frente a los ches fueron los dos interiores los que se separaron del mediocentro. Así, el primer escalón del centro del campo lo ocupó únicamente Ivan Rakitic, mientras por delante suyo tanto Arturo Vidal como Aleñá habitaron el segundo. A pesar de que ambos jugadores ya han sido alineados en este mismo espacio y con la misma función, su suerte y acierto a lo largo del partido resultó dispar.

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– En blanco y negro, la posición de Rakitic durante la 1ª mitad, alejado del balón y desactivado en transición. En color, la corrección tras el descanso. –

En el caso del chileno, alineado en el mismo perfil que Sergi Roberto y Coutinho, y por lo tanto en el lado del campo que discurría con menor fluidez y naturalidad, el repliegue visitante y la escasa conquista local de las esquinas lo pusieron ante la situación de tener que jugar muy frecuentemente de espaldas a portería, escenario que puso énfasis en sus dificultades a la hora de perfilarse para dar continuidad a la jugada y a la lentitud de su giro. Carles, por su parte, que al igual que Vidal podía apoyar en el inicio a Rakitic aproximándose a la base pero cuya orientación fue vertical y hacia la frontal del área, lució mucha más claridad y conexión con el juego, así como un entendimiento posicional fluido con Leo Messi. Como viene sucediendo desde que Valverde ha cortado el vínculo entre el interior derecho y el pivote y lo ha emparejado con el argentino, a la derecha del mediocampo del Barça se sucedieron las relaciones tanto espaciales como con la pelota entre ambas piezas, permitiendo al 10 un volumen muy alto de participación por delante del centro del campo valencianista. De hecho, como las bandas con Semedo y Sergi Roberto tenían presencia pero no profundidad -ninguno de los dos resultó agresivo desmarcándose a la espalda de la defensa-, el ataque barcelonista se concentro por dentro, con Messi como origen desde el pase, la conducción o el desborde, y los dos  interiores moviéndose por delante juntándose a Suárez y Coutinho.

parejoDe todos modos, a lo largo de la primera mitad, pese a lo estrecho del ataque, los problemas del Barça no llegaron gestionando la pelota sino cuando ésta cambiaba de manos. Con tal de esquematizar lo sucedido, pueden señalarse al menos cinco factores que convirtieron al contraataque del Valencia en una daga contra la que los locales no pudieron responder. En primer lugar, la ausencia de profundidad exterior redujo mucho las opciones barcelonista de condicionar un escenario desfavorable para los ches en el origen de la contra. Sin que ningún desmarque desde la banda a la espalda de la zaga girara a las dos líneas de cuatro, los de Marcelino en todo momento pudieron defender de cara, orientados en la dirección que buscaría tanto el balón como la carrera cuando el esférico cayera en sus manos. El segundo punto clave fue un nombre propio, el de Dani Parejo, recurrente actor principal en sus duelos contra el Barça, y el futbolista con el pase y la visión lo suficientemente claros como para encontrar los caminos que superaran la presión del Barça. Aunque su ataque no hiciera correr al Valencia hacia atrás, el juego con balón azulgrana sí que conseguía acercar muchos futbolistas a la pérdida apara activarse en la recuperación, pero ninguno de sus esfuerzos logró dejar sin lumbre a los primeros pases de Parejo (Imagen de la izquierda -vía www.as.com-).

La tercera cuestión tuvo que ver con el posicionamiento de Rakitic en el mediocentro, pues ya se debiera al hecho de que sus dos acompañantes de línea se alejaran de él, a que la falta de profundidad por banda no le diera tiempo a ubicarse en el lugar correcto o a cualquier otro motivo, el croata tendió  distanciarse en exceso del juego cuando el Barça movía el balón en campo contrario. De esta forma, priorizando la cobertura de su parcela, lejos de fortalecerla la expuso, pues eliminó una de las barreras que debería haber enfrentado el Valencia para llegar hasta ella. Tras el primer pase de Parejo, los de Marcelino hallaron espacio para correr sin obstáculos y para llegar lanzados a la zona de Ivan. Además, y como cuarto factor, el técnico valencianista situó a sus dos hombres más adelantados en campo propio, justo a la espalda de los interiores del Barça, atacando por los dos flancos la posición de Rakitic, y llegado en carrera a la altura de los centrales. Estos fueron el quinto aspecto que explicó la superioridad che en transición, ya que tanto Piqué como Vermaelen concedieron demasiado espacio a sus teóricos pares en las vigilancias mientras los locales atacaban. Si recientemente la última barrera del Barça se había encargado de reforzar desde atrás la zona del mediocentro, esta vez, quizá porque en lugar de repartirse una única amenaza se enfrentaban a un rival con dos puntas, tardaron 45 minutos en devolverle el abrigo al pivote.

centrales

– En blanco y negro, la separación entre los centrales del Barça y los delanteros del Valencia durante la primer mitad. En color, la mayor agresividad con la que afrontaron las recepciones de los puntas. –

lateralesY es que, el sábado, la reanudación trajo consigo un cambio de guión, recomponiendo el sistema de ataque con la entrada de Jordi Alba y corrigiendo la colocación de los azulgranas más atrasados. La sustitución tuvo un efecto automático. Desde que el juego volvió a ponerse en marcha, Messi halló en su lateral izquierdo una forma de activar la profundidad, permitiéndole al ataque del Barça una solución para arrastrar al Valencia hacia fuera y hacia atrás, y con ello girarlo hacia la portería de Neto (Imagen superior derecha). De repente, teniendo que iniciar el contraataque de espaldas a Ter Stegen, a los ches les costó más dar los primeros pases y esquivar la presión, lo que facilitó que los locales encerrar el partido en una única mitad del campo. También por la derecha, la reubicación de Sergi Roberto incrementó la agresividad al espacio en la otra orilla del ataque (Imagen inferior derecha). A su vez, tanto Rakitic como los centrales modificaron la altura de sus posiciones. El croata adelantó sensiblemente su juego para activarse tanto para el pase atrás como para la segunda oleada de la presión cuando el rival recuperara la pelota, y la pareja formada por Piqué y Vermaelen acompañaron el ajuste del mediocentro con una mayor agresividad en la anticipación, saliendo sobre la recepción del punta varios metros más allá de la divisoria.

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– Foto: Alex Caparros/Getty Images

 

2 Comments
  • Michel
    Posted at 18:50h, 04 febrero Responder

    Perfecto analisis Albert.
    Por otra parte a que crees que se debió el cambio de S.Roberto por Semedo?
    Estrictamente a ganar agresividad al espacio ante el mayor peligro que podría suponer la velocidad de Cherychev ante S.Roberto?

    • Morén
      Posted at 22:43h, 04 febrero Responder

      Yo creo que la idea era recuperar la pareja de laterales que más ataca al espacio por delante del balón. Semedo, durante la primera parte, llego por fuera, pero normalmente o de la mano de la jugada o después de que el balón se estableciera arriba. Primera llegaba el balón y luego el lateral, por así decirlo. En ese aspecto Sergi es un futbolista más agresivo sin balón, más profundo, y que pica más al espacio para recibir de un pasador que esté por detrás.

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