Llegaba el Real Madrid a los octavos de la Champions después de una racha excelente, una dinámica muy positiva y con la moral alta tras recortar 5 puntos en dos jornadas al F.C.Barcelona en Liga. Meses atrás, cuando el bombo emparejó al Madrid con el Liverpool pocos daban opciones al conjunto merengue y la cara de Mijatovic cuando salió la bola del equipo de Benítez, evidenciaba que el equipo no estaba a la altura de un choque de esta magnitud. No obstante, fueron transcurriendo las jornadas y a medida que el equipo recuperaba a los lesionados y que el trabajo del nuevo técnico Juande Ramos iba dando sus frutos, la eliminatoria iba tomando un tono de mayor igualdad. En el bando contrario, el Liverpool que a principio de temporada se había mostrado como un dominador sólido en la Premier, de la cual encabezaba la clasificación, atravesaba un momento complicado, cada vez más lejos del United y ofreciendo sensaciones contradictorias en su juego.
Ambos equipos, pues, se daban cita en el Bernabéu en unas circunstancias sensiblemente diferentes a las del día que se realizó el sorteo, y la eliminatoria pasaba de tener un claro color red, a convertirse en uno de los enfrentamientos más interesantes de ésta ronda, y es que un enfrentamiento entre dos clubs de la entidad de Liverpool y Real Madrid nunca es un partido más, sino que es garantía de pasión, orgullo y futbolistas de altísimo nivel. Por si fuera poco, se daban cita dos de los entrenadores más importantes del panorama futbolístico, ambos cortados por el miso patrón, el que pone el planteamiento táctico colectivo por encima del talento individual y el cual convierte los partidos en apasionantes partidas de ajedrez. » Seguir leyendo: Benítez gana el primer asalto


