En un momento dado | La gran oportunidad de Dybala
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Juventus' forward from Argentina Paulo Dybala celebrates after scoring during the Italian Serie A football match Juventus Vs AC Milan on March 10, 2017 at the 'Juventus Stadium' in Turin. / AFP PHOTO / Marco BERTORELLO (Photo credit should read MARCO BERTORELLO/AFP/Getty Images)

La gran oportunidad de Dybala

Paulo Dybala es el crack al que el Barça, en este momento, menos quiere enfrentarse. Su juego reúne varias de las facetas que más daño le hacen y, sobre todo, que más pueden desactivar el plan culé de las últimas semanas. Tanto que incluso, ausente Busquets, podría hacerle renunciar a él. En la pizarra de Massimiliano Allegri, este curso el talentoso argentino ha visto evolucionar su papel en el equipo: la Juventus le ha pedido que se haga mayor. Si antaño tanto el dibujo como el sistema abrazaba un estilo afín al suyo, de aliados en el espacio reducido y compañías en la frontal, el actual le reclama que sea él quien lo transforme para, contagiándolo, hacerlo más rico. Sin Dybala ni talentos equivalentes que alinear en el carril central, la Juve sería un equipo previsiblemente plano en la frontal, abonado al juego exterior como principal y casi única forma de generar ocasiones de peligro, y con dificultades para hallar soluciones en la iniciativa a la que un equipo de su consideración termina estando obligado. Es, prácticamente, su único talento creativo en un carril central que junto a él alinea a Higuaín, Khedira y a un Miralem Pjanic que está por despegar. En la búsqueda de aliados, dada su condición de zurdo y el acomodo de su recepción a pierna cambiada, el socio más sostenido lo ha encontrado en Dani Alves, lateral especial donde los haya y todo un veterano en potenciar las necesidades de zurdos argentinos que se mueven con soltura en tres cuartos de campo.

Debido a las piezas que le rodean, a las necesidades del conjunto y a sus funciones para cubrirlas, Dybala este año ha dado un paso al frente desplazándose hacia atrás. La Vecchia Signora requiere de él una versión más centrocampista que el curso pasado, aún a riesgo de afectar con ello a sus cifras goleadoras. Con Higuaín, Mandzukic y el juego a balón parado puede compensarlo, pero en caso de no disponer del argentino por detrás del delantero no tendría con quien iluminar la mediapunta. El argentino lo logra con una fórmula que mezcla lo individual y lo colectivo. Parte de lo primero para tratar de influir en lo segundo. Habilitado por el pie fino de quienes actúan por detrás suyo o por las dejadas de los compañeros que tiene por delante, recorre toda la horizontal del campo en busca tanto de recepciones como de compinches con los que tirar la pared, e incluso es habitual verle bajar por detrás de la línea divisoria con tal de ofrecerse como solución al balón al más puro estilo Messi. De fuera a dentro con Cuadrado cuando no está Alves o de abajo a arriba con Khedira, las sociedades con el colombiano y el alemán son las más repetidas según sea el perfil en el que se haya acostado el trequartista. En clave Barça, esta movilidad lateral del argentino representa un peligro tremendamente incómodo, pues se presume muy eficaz abriendo la posibilidad de pase a la espalda de la presión que puedan ejercer los de Luis Enrique sobre la salida bianconera. La puerta para girarlos y encender la mecha a una transición ofensiva que lleve el balón a las inmediaciones de Ter Stegen.

Y es que Dybala, a parte de multiplicarse en la recepción, es un futbolista capaz de esconder el cuero, girar sobre su eje, conducir la pelota y soltarla con enorme criterio. De representar lo que fueron Verratti y Di María en París pero en un sólo hombre. De levantar el puente que lleve el balón detrás del mediocampo barcelonista y de mantenerlo lejos de la recuperación culé desde la protección y el pase. Es en este sentido que aquello que sobre el papel es abandono se torna en alianza, pues a su alrededor el argentino ve multiplicarse las opciones para el envío largo, ya sea a los movimientos que por delante dibujan los otros tres delanteros juventinos, como a partir de un cambio de orientación que aleje el esférico del acoso rival habilitando el desmarque profundo del compañero. Por todo ello que, ante la baja de Sergio Busquets, a buen seguro tiene muy presente Luis Enrique el trabajo que podría realizar Mascherano como mediocentro tanto en la persecución de Dybala como en la defensa de las recepciones laterales de la estrella bianconera. Sucede, sin embargo, que la reubicación de El Jefecito en la medular haría pasar la viabilidad del 1-3-4-3 por un desplazamiento hacia la derecha de Piqué o Umtiti que si bien casaría con las particularidades de los delanteros juventinos que se mueven por ese sector, a priori suena menos probable que un regreso provisional al 1-4-3-3. A no ser que Rakitic, André Gomes o Sergi Roberto digan lo contrario.

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– Foto: Marco Bertorello/AFP/Getty Images

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