En un momento dado | V de Busquets
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VALENCIA, SPAIN - FEBRUARY 08: Sergio Busquets of Barcelona reacts during the Copa del Rey semi-final second leg match between Valencia and Barcelona on February 8, 2018 in Valencia, Spain. (Photo by Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images)

V de Busquets

Sergio Busquets nació para el Barça como un impulsor. Un futbolista hecho a la medida para la felicidad total de Xavi Hernández, en un centro del campo que le pertenecía al de Terrassa. Su encaje con el metrónomo del Barça era tan perfecto, que incluso su camino en las categorías inferiores desde el interior al mediocentro, parecía cruzarse con el de quien huyó de la herencia posicional del 4 hacia zonas del campo más adelantadas. Tan veloz en el gesto y la devolución como hiciera falta, generoso cediendo su espacio en el círculo central a quien un día lo sintió como suyo, y siempre dispuesto a convertirse en un apoyo hacia donde dar continuidad a la circulación del cuero. Hasta tal punto fue estrecha la relación de causa-efecto entre los dos, que a medida que el fútbol de Xavi se fue apagando y, finalmente, despidiéndose del Camp Nou, el devenir de Busquets se tornó una de las incógnitas a resolver por aquellos proyectos futuros que ya no pudieran disfrutar del 6. De forma resumida, los hubo de dos tipos. El más veces repetido tuvo que ver con el intento de replicar para el de Badía la figura que lo tomó de la mano durante sus primeros pasos en la élite. El de encontrar en las botas de Iniesta, de Messi o de Dani Alves, parte del decorado en el que Busi salió a escena.

Existió, sin embargo, un periodo corto de tiempo, casi como un paréntesis olvidado, en el que con un Xavi ya orientado a unas responsabilidades distintas, a Sergio se le invitó a mostrarse de un modo diferente. Fue a las órdenes de Vilanova cuando el canterano asumió una iniciativa en la dirección del juego que, tanto antes como después, recayó en otros, espoleado por la necesidad y secundado por un sistema de juego que le facilitó el encargo. Multiplicándose a su alrededor las vías despejadas para el pase, Busquets, mientras el equipo de Tito se mantuvo en pie, fue el panóptico que desde el centro del tablero lo pudo controlar todo por sí mismo. Cinco temporadas después, Ernesto Valverde le ha vuelto a pedir algo parecido, moviendo también él la pizarra para acomodarle el entorno, y Sergio, por el momento, ha vuelto a asumir con éxito la tarea. Con Iniesta otra vez más cerca del pico del área que del círculo central, hoy el mediocentro a su alrededor encuentra de nuevo muchas opciones a las que mandar el esférico. A su derecha y a su izquierda esperan un Rakitic más sujeto y un Umtiti venido arriba, a los lados abren el campo los laterales, y por delante, detrás del mediocampo rival, se fijan el extremo derecho, el interior izquierdo y Leo Messi formando una triple referencia a la que encontrar con un pase vertical. Sergio tiene el balón, los destinos hacia dónde dirigirlo, y el criterio y la madurez para elegir el más provechoso.

Además, la presencia cercana de Ivan Rakitic, ya apartado de la banda para influir de forma permanente en el carril central, lo ha provisto de un contrafuerte a la hora de aceptar la invitación de ganar altura para influir más cerca del área. A diferencia de lo que ocurría en otras épocas, ya no siempre es él el centrocampista más retrasado cuando el equipo mueve la pelota en campo rival. Esto le ha permitido a Valverde potenciar el camino más interesante que puede transitar cualquier culé: el que lleva a Messi. Impulsado Busquets y centrado Leo, el vinculo entre los dos que antaño fue lejano o lateral, actualmente ha recortado la distancia y ha orientado su sentido hacia el frente. En un equipo pensado para encontrar al argentino lo más cerca de la fontal posible, el Txingurri le ha dado a su mediocentro el escenario para convertirse en uno de sus principales surtidores. Las ventajas de esta relación entre Busquets y Messi, también en lo que se refiere a la transición ataque-defensa, son evidentes, ya que por un lado, y puesto que el envío se completa a la espalda del mediocampo rival, provoca que la conexión entre los dos obligue al contrario a comprometer el orden de su estructura y a girarse hacia su propia portería, y por el otro sitúa al catalán más cerca del balón en el momento de una hipotética pérdida.

Sergio, probablemente la referencia de la demarcación defendiendo en campo contrario, a través de una presión que recorte los espacios al adversario hasta dejarlo sin aire, es el origen y la cara más visible de un Barça que ha hecho de la recuperación adelantada una de sus armas de ataque más efectivas. Para cuando no lo pueda ser, no obstante, Ernesto ha construído una respuesta en el retorno muy acorde a las características de su pivote, quien si en campo contrario parece una esponja capaz de absorberlo todo, cerca de su portería no abarca la misma cantidad de espacio. Su tendencia a encimar al poseedor del balón, su limitada capacidad en el movimiento lateral y la necesidad de cubrir este espectro del juego ante la imposibilidad de localizar todo el encuentro más allá de la divisoria, han llevado a Valverde a reforzar al mediocentro tal y como hace en ataque. Siempre acompañado del interior más rocoso que se encuentre sobre el campo, igual que en ataque Sergio puede adelantar su posición con la espalda cubierta, en defensa cuenta con el aliento de un segundo futbolista situado en el carril central para repartirse el espacio. El Busquets de Vilanova a las órdenes de Valverde, adaptado al guión que los años han cambiado.

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– Foto: Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images

1Comment
  • vi23
    Posted at 09:44h, 04 abril

    Mi sensación es que no se ha valorado suficientemente la calidad en el pase de Sergio. Tal vez no es armónico en los gestos (demasiado desargado) pero es un fenómeno de los pases rasos y tensos que encuentran a gente (sobre todo a Messi) entre líneas. Con el añadido de que en bastantes ocasiones lo hace de primeras (algo cada vez más difícil de ver y que me permite entroncar con el famoso “ritmo de peloto” que invariablemente decía Cruyff en las ruedas de prensa cuando su equipo no generaba ocasiones).