En un momento dado | La cruz del interior derecho
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Barcelona's Chilean midfielder Arturo Vidal (R) replaces Barcelona's Croatian midfielder Ivan Rakitic during the Spanish league football match between FC Barcelona and SD Huesca at the Camp Nou stadium in Barcelona on September 2, 2018. (Photo by LLUIS GENE / AFP)        (Photo credit should read LLUIS GENE/AFP/Getty Images)

La cruz del interior derecho

Habitualmente, hablar de Ivan Rakitic es hablar de los demás. Desde que el croata aterrizó en Barcelona, su rol y lugar en el equipo casi han guardado más relación con las piezas situadas a su alrededor que con sus  propias virtudes y características. Un futbolista en función de otros. Escudero de Dani Alves cuando pronto Luis Enrique optó por centrar a la MSN y ceder los carriles a los laterales, después contrapeso de Messi cuando, con Leo sobre la cal, la sociedad del argentino y el lateral vistió la parcela del interior y desabrigó la zona del extremo, y la pasada campaña contrafuerte de Sergio Busquets cuando la presencia de un delantero especifico de banda derecha le permitió mantenerse en el centro y cerca del balón tanto en ataque como en defensa. No por nada, su rendimiento es de los que más acusan los cambios ajenos, como fue en su momento el adiós de Dani Alves y, últimamente, los cambios de posición de Leo Messi. Así, la gran diferencia para Rakitic entre la temporada pasada y la actual ha residido en que su vínculo subordinado más estrecha ha vuelto a ser con el 10 y no con el mediocentro.

RakiticEl regreso de Messi a una posición de partida escorada, pero desde la cual se mueve con libertad por todo el frente de ataque, ha devuelto a la receta culé la necesidad de equilibrar la esquina con algún elemento complementario. Si el año pasado a la derecha de Leo casi siempre formaba otro delantero, ahora sus desplazamientos hacia el centro abren un espacio que es preciso rellenar. La principal diferencia con el último precedente de este tipo de funcionamiento es que la responsabilidad principal de hacerlo no recae en exclusiva sobre el interior, si no que la vocación ofensiva y capacidad física para la llegada de Sergi Roberto permite la alternancia. Por momentos es Rakitic quien sujeta abierto el costado diestro, y por momentos es el catalán el hombre que se disfraza momentáneamente de extremo.

Esta primera distinción, además, es el germen de la segunda, y es que si en el Barça de Luis Enrique, cuando Leo pasó a la banda, los intercambios con el centrocampista más cercano se producían tanto en el plano horizontal -cuando Messi iba al centro, el interior ocupaba la banda- como en el vertical -cuando el 10 recibía en zona de interior, Ivan escalaba hasta la mediapunta por delante suyo-, en esta ocasión los recorridos hacia el frente del croata son bastante más reducidos, al tener que cubrir une eventual salida del rival a la espalda de Sergi Roberto cuando la posición del canterano gana altura.

En este sentido, a Rakitic se le pide un vínculo con el lateral parecido al que mantuvo con Alves durante los primeros pasos del Barça de Luis Enrique, pero una relación con Messi en la que existen varios puntos de contacto con el equipo que Lucho construyó después. Se trata de dos fuerzas que tensionan la zona de influencia del croata hacia la orilla, alejándolo progresivamente de un Sergio Busquets que se vio muy reforzado cuando pudo tenerlo cerca. Parte de la compostura estructural que lució el equipo el curso pasado residió en la seguridad de esta pareja, toda vez la transición sin balón azulgrana normalmente encontró a los dos juntos, un factor que permitió al mediocentro llevar más arriba su poder en la presión sin ver comprometida la espalda, y estar más abrigado en campo propio.

Actualmente, este papel lo desempeña más Arthur que Rakitic. La inserción del brasileño en las alineaciones es, junto a la posición de Messi en banda, la otra cuestión que ha obligado a redefinir el encaje del interior derecho en el engranaje. Por un doble motivo. El primer y más visual tiene que ver con la naturaleza posicional del ex de Gremio, mucho más relacionada con la base de la jugada y la altura del pivote que con un anclaje entre líneas, cerca de la mediapunta, más propio de futbolistas como Iniesta o Coutinho. Arthur juega en un plano parecido al de Busquets, con lo que cuando la fluidez decae y el mecanismo se encasquilla, la circulación, de forma natural, parece reclamar un tipo de escalonamiento distinto que sitúe a uno de los tres centrocampistas en un escalón superior, como ha venido mostrando la entrada de Arturo Vidal en los segundos tiempos. Dado el tipo de juego de brasileño y al papel de escudero que representa Rakitic para el lateral, con ellos dos sobre el campo incluso se ha llegado a dar la poco habitual circunstancia de que sea Busquets, desde el pivote, el medio azulgrana que ocupe el vértice superior del triángulo por delante de los dos interiores.

Y es que no sólo la relevancia vigilando la espalda del lateral atrae a Rakitic al primer nivel del mediocampo, si no que el necesario proceso de aclimatación de Arthur a las presiones del fútbol europeo demandan un notable protagonismo de sus dos acompañantes en el inicio de la acción. Idealmente, esta temporada, el interior derecho del Barça es un jugador que ayuda a sacar el balón desde abajo, pero que cuando el esférico llega a la medular se activa por delante, en tres cuartos de campo. Que se alterna en banda con el lateral derecho para mantener ocupado el carril diestro en ataque, pero que cuando la pelota cambia de manos aparece en el centro para reforzar las casillas del mediocentro. La pieza a la que la pizarra no puede ayudar. El equivalente a lo que fue Luis Suárez el curso anterior. El futbolista que, sobre el papel, debe cargar con más atribuciones de las que puede soportar. Hasta el momento Rakitic sólo ha logrado hacer frente a algunas. Seguramente Vidal se encargue de otras.

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– Fotos: Lluis Gene y Alex Caparros/AFP/Getty Images

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