En un momento dado | Príncipe Paul
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of Manchester United of Burnley FC during the Premier League match between Manchester United and Burnley at Old Trafford on January 29, 2019 in Manchester, United Kingdom.

Príncipe Paul

Paul Pogba es la bandera del actual proyecto del Manchester United y, como tal, el hombre sobre el que descansan buena parte de las explicaciones de lo que sucede, sobre el césped, alrededor de Los Diablos Rojos. Es la mayúscula que va primero, y a continuación de la cual se ordenan y buscan su sentido las demás letras. El que ilumina la dirección de quienes vayan a seguirle. El futbolista cuya incomodidad en la etapa de José Mourinho representó los problemas del equipo a las órdenes del portugués, y la individualidad hacia donde se volcaron todas las miradas iniciales de Ole Gunnar Solskjaer en su regreso a Old Trafford. La suerte del francés tenía que ser la del United. Así, con esta prefiguración a modo de campamento base, el técnico noruego ha intervenido en la recuperación de un United competitivo desde la idea de conceder comodidad a sus jugadores más talentosos. De adaptar el equipo a ellos y a sus características más relucientes, en lugar de pedirles que las pusieran al servicio de la pizarra. Un llamamiento que para Paul Pogba ha tenido dos ejes primordiales.

El primero se ha relacionado con su tarea, su anclaje y su posición en la zona de medios, su línea de partida. Pogba es un centrocampista con cuerpo de mediocentro pero cuyo fútbol late como el de un delantero. Aunque nació como el heredero aparente del Patrick Vieira, desearía ser Neymar. Su habitat, pues, más que en el círculo central, está próximo a la frontal del área. En el pico o en la corona, habilitado para el quiebro, la asistencia o el disparo, su itinerario es el del desenlace, y desde el principio Solskjaer se propuso acercarlo a él. Decidió el noruego, para ello, que, junto al galo, la medular del United debían componerla otros dos futbolistas, situados habitualmente a una altura inferior, y mucho más relacionados que Pogba con los primeros estadios de la jugada. Paul tiene vía libre para ganar metros, abrirse a un costado o encaramarse a la medialuna, sin que la consecuencia para el equipo sea desnudar la zona ancha ni debilitar la administración de la pelota. En este sentido, en lo que llevamos de año ha resultado especialmente relevante el peso del sector derecho del United -el contrario a la posición de Pogba- en la gestión del avance. Los red devils salen a través de Lindelöf -a veces con el mediocentro entre centrales para dar aire al sueco-, encuentran a Ander Herrera (o Fred) en la base de la jugada para que sea el vizcaíno quien asuma el timón, y le proporcionan el apoyo interior del extremo derecho a modo de conexión en vertical para filtrarse al último tercio del campo. Una progresión enteramente desarrollada por la orilla derecha que no exige que Pogba se sujete en ninguna de sus fases. El objetivo no es que resulte el francés quien lleve el balón hacia delante, sino que sea él quien lo espere arriba.

El segundo eje que vertebra la relación entre Pogba y Solskjaer, por lo tanto, es el de generar los espacios necesarios para que el galo reciba el esférico y pueda dar rienda suelta a su juego natural. Dependiendo de cuál sea su actitud hacia la posesión, el United lo consigue de dos maneras distintas. En sus momentos más reactivos, aquellos en los que los mancunianos se visten de repliegue, esperan cerca de su guardameta y salen con velocidad al contraataque, es el propio escenario general el que permite a Pogba metros para desmarcarse, correr y lanzar. Por lo general demandado en el retorno pero oxigenado por la presencia de otros dos medios en el carril central cuando el United no tiene el balón, su capacidad tanto física como técnica para incidir en contextos de juego abierto constituyen una de las grandes amenazas de su equipo. Por detrás de tres o de dos delanteros según sea el dibujo elegido para la ocasión, Paul es el elemento sorpresa que, desde la segunda línea, mantiene abiertas las posibilidades de conectar con los más avanzados a la espalda de la presión rival, al tiempo que asegura la llegada de un efectivo extra desde atrás, recorriendo el espacio abierto entre la línea defensiva y el mediocentro contrario durante la transición.

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A su vez, cuando la pelota recae en los pies de los diablos rojos, el espacio le llega a su estrella a partir de un aclarado ejecutado por varios de sus compañeros. Por un lado el peso del carril derecho en la salida y progresión del juego, por el otro la desigual intervención ofensiva de lateral izquierdo con respecto al derecho -más contenido el primero, y más desatado el segundo- y, finalmente, el carácter exterior del delantero que comparte sector con él, tensan las atenciones del adversario lejos de su punto de arranque. En el carril zurdo del United, Shaw espera abajo y Martial sujeta abierto, para que entre los dos, a lo largo y a lo ancho, Pogba no choque con más obstáculos que los que esté dispuesto a invertir su contrario. Sin embargo, como el francés no es un jugador de posición sino de movimiento, la contención previa a su recepción se traduce en una serie de recorridos posteriores que buscan corresponder a su juego. Las caídas en el apoyo tanto del punta como del extremo derecho, por ejemplo, le ofrecen el trampolín interior con el que tomar impulso hacia el área rival, aprovechando la devolución de cara y los carriles que se puedan haber despejado con el arrastre de algún defensor. Asimismo, no es extraño que, tras mantenerse próximo a la cal, cuando el ataque se asienta en campo contrario Martial acuda también al centro, en su caso buscando más el área que la frontal. Entre Paul y el extremo izquierdo se desarrolla entonces una suerte de relación de doble cara en la qual la atracción del primero suele servir para lanzar al segundo en ventaja, y que, por otro lado, activa el desmarque dentro-fuera de Pogba.

Mecanismo muy habitual en el City de Guardiola, y que el francés ya protagonizó en la Juventus aunque con fondo y forma muy distintos a los de su conciudadano, se trata de una solución con la que el United logra ganar línea de fondo y extraer defensores del centro en pos de debilitar al rival en dos de las batallas más productivas de los hombres de Solskjaer: el centro al área si quien sale fuera es un central, y la segunda jugada si quien se abre es un centrocampista. Por último, cabe apuntar como un añadido nada menor el hecho de que la posición más o menos escorada de Pogba permite que el francés active con facilidad su cambio de orientación hacia el lado contrario. En transición o para desequilibrar defensas organizadas, buscando la entrada exterior del lateral o la diagonal del extremo, sin alcanzar las cotas de peligro y resultados del Messipase hacia Jordi Alba, es uno de los ases en la manga que se guarda el United. El pasado fin de semana ya se topó el Barça con un rival que trató de explotar el duelo directo entre las carreras de su lateral derecho y el retorno de Coutinho y, si hoy Rashford, Lingard o Dalot empujan a Alba hacia el centro de la defensa, el Manchester podría hacer lo propio a través de un Ashley Young que habitualmente juega muy arriba para dejar espacios al interior en la base y ejercer de extremo cuando el delantero de su banda acude a zonas interiores.

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Ausente en la remontada de su equipo en El Parque de los Príncipes, en esta edición de la Champions League sólo Thomas Tuchel, en Old Trafford, se ha enfrentado al Pogba de Ole Gunnar Solskjaer. En aquella ocasión, el técnico alemán optó por un marcaje casi al hombre de Marquinhos sobre el crack francés, que logró contener mucho su impacto sobre el juego y, con ello, el desarrollo habitual del Manchester United. Al término de los 90 minutos, de hecho, bien podía aventurarse que la medida le había entregado la clasificación. No se ha prodigado mucho Ernesto Valverde, desde que entrena al Barça, en este tipo de planteamiento tan individualizado, y cuando así ha sido se he enfocado más a los centrocampistas encargados de dar el primer pase (Pjanic o Parejo) que a los señalados para recibirlo, pero teniendo en cuenta las características del rival y de su jugador franquicia podría buscar el Txingurri replicar la jugada que a Tuchel le diera la ventaja en la eliminatoria. Sobre el papel, el azulgrana que cuando el Barça no tenga el balón pisará zonas parecidas a las de Paul Pogba será Ivan Rakitic. Interior derecho siempre que en el izquierdo se mantenga Arthur, el croata acostumbra a ejercer como comodín defensivo en tanto que, dependiendo del planteamiento, puede orientar su trabajo de contención a la banda o al carril central. Unas veces es la primera barrera en el costado por delante del lateral derecho, y en otras rememora su función del curso pasado reforzando la posición de Busquets por delante de los centrales.

A priori esta será una parcela que el United se propondrá dañar, ya sea porque con Ivan más pendiente de la orilla que un año atrás la espalda de Busquets ha resultado más vulnerable, o porque los apoyos del extremo o del punta redoblen una presión que dificulte la contención ejercida por un sólo hombre. En este sentido, si el objetivo defensivo azulgrana consiste en liberar a Rakitic de la defensa por fuera, bien para perseguir a Pogba o bien para asegurar el centro, una de las condiciones que buscará el conjunto catalán será la autosuficiencia protectora de su lateral derecho, de manera que éste pueda enfrentar al extremo izquierdo del United sin demandar una segunda ayuda que tenga que acudir a banda desde el interior. En principio, teniendo en cuenta las características de Sergi Roberto y Semedo, así como los atributos de las opciones que maneja Solskjaer en la demarcación de extremo izquierdo (sobre todo, en el 1-4-3-3, Martial o Rashford), la balanza tendería a inclinarse en favor del portugués, toda vez su solvencia en el enfrentamiento físico y en el uno contra uno es superior a la del canterano. No obstante, es cierto que Sergi cuenta en su haber con el duelo ante Vinicius en el Santiago Bernabéu, un escenario que no afrontó en aclarado (más bien al contrario), pero en el que respondió con mucha autoridad.

Además, en favor del catalán juega la posibilidad de que finalmente el United opte por cambiar su dibujo y plantee un 1-4-4-2 con Pogba como atípico hombre de cal. Sin ir más lejos, ésta es la alternativa que emplearon los red devils ante el Arsenal o el Liverpool, y que si bien permitiría a Rakitic y al lateral derecho juntar su desempeño defensivo sobre el mismo carril al tiempo que prescindiría de la figura del extremo que agranda el espacio de Pogba, activaría en ataque la igualdad numérica de Rashford y Lukaku contra Piqué y Lenglet, limitando las ayudas de la pareja de centrales azulgrana y potenciando su caída a bandas. Eliminándolos de la ecuación que Solskjaer espera que resuelva Paul, el nuevo príncipe de Old Trafford.

 

– Foto: Alex Livesey/Getty Images

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