En un momento dado | El último reto del Txingurri
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Barcelona's Brazilian midfielder Arthur (L) greets Barcelona's French forward Ousmane Dembele as he leaves the pitch during the Spanish League football match between FC Barcelona and SD Eibar at the Camp Nou stadium in Barcelona on January 13, 2019. (Photo by LLUIS GENE / AFP) (Photo credit should read LLUIS GENE/AFP/Getty Images)

El último reto del Txingurri

La temporada de Ousmane Dembélé cambió en Wembley. Londres fue el escenario en el que Ernesto Valverde obró un golpe de timón que, con sus más y con sus menos, ha resultado definitivo en el transcurso de la campaña culé. Tras un arranque de temporada irregular en juego y sensaciones, en el que el conjunto azulgrana estuvo lejos del equilibrio táctico y la solidez en transición defensiva de antaño, el Txingurri se encomendó al control para encontrar un nuevo camino. Una senda representada por un Arthur Melo que, desde entonces, no se perdería ningún partido importante, y por la presencia en el extremo izquierdo de Philipp Coutinho, hasta entonces interior. No es extraño que la nueva partitura barcelonista tuviera como víctima principal a Dembélé, titular anteriormente en los ocho encuentros del curso (siete de liga y uno de Champions ante el PSV) y el hombre sacrificado, en este caso, para permitir la entrada de Arthur en el once. Y es que el brasileño y el francés representaban cosas prácticamente contrarias. Por un lado el control, la seguridad en la conservación del cuero y una apuesta por un ritmo que evitara escenarios excesivamente abiertos. Por el otro, el riesgo, la tendencia a una pérdida del balón a menudo desprotegida, y el gusto por la verticalidad y el ataque apresurado. El Barça de Arthur, no era el de Ousmane. Parecía que no podía serlo. El francés, en Wembley, ni siquiera pisó el césped. Tampoco en casa contra el Inter de Milán. En el primer clásico de la temporada sólo disputó dieciséis minutos, y apenas diez en la visita del cuadro azulgrana al Metropolitano. Se estaba formando el Barça 2018-19, y lo estaba haciendo sin él.

Sin embargo, el paso de las semanas poco a poco ha ido revelado que, si bien opuestas, Arthur y Dembélé son dos caras que pertenecen a una misma moneda. Representan cuestiones contrarias dentro del mismo plano. Dos personalidades futbolísticas que, con la mirada puesta en la Champions League, el Barça necesita convertir en cómplices. Así, en ataque, en contextos más pausados, cerrados y posicionales como los que plantea un manejo de la posesión controlado capitaneado por Arthur, y toda vez las defensas rivales últimamente vienen ajustando mucho su respuesta a Jordi Alba como elemento desencadenante, bien sea a través de la línea de cinco o de una defensa volcada sobre su centro raso hacia atrás (en los último doce encuentros cuenta una única asistencia ante el Atlético de Madrid), Dembélé, por desequilibrio, agitación, energía e imprevisibilidad, se antoja como un factor obligatorio. Sobre todo teniendo en cuenta que, a medida que crece la exigencia colectiva del reto, incrementan también las opciones de que el equipo necesite una participación de Messi más próxima al mediocampo y menos directamente relacionada con la frontal y el remate. Un Leo como nexo e interruptor, impulsor desde el origen de la acción de peligro, que anuncie tramos importantes de los partidos con sólo dos futbolistas en línea de delanteros. Con un Luis Suárez en alza, y a pesar de que recientemente Coutinho viene ofreciendo una versión mejorada, en la medida que el Txingurri requiera la producción extra del acompañante del uruguayo, su mirada tenderá a inclinarse hacia un Dembélé de descorchada relación con el gol. No obstante, es ante un rival presionante y adelantado cuando más determinante puede resultar la unión de Ousmane con Arthur Melo.

En la era del desarrollo casi infinito de las presiones, de la defensa en campo contrario como antídoto a unas salidas de balón en ventaja y comodidad, y de Mbappé como el virus que amenaza con cambiarlo todo, Dembélé es el atacante con mayor intimidación al espacio de cuantos permite la plantilla del Barça. Desde la salida de Neymar Jr. rumbo a París, una de las dificultades con las que han convivido los culés a menudo es con el hecho de que, para sus rivales, alejar la defensa del área suponía un riesgo controlado. A muchos metros de la portería rival, Messi es un lanzador y aglutinador único, y Luis Suárez una especie de guía capaz de marcar constantemente los caminos del recorrido, pero ninguno de los dos cuenta ya con la velocidad sostenida y repetida como para hacer de sus piernas la punta de lanza de una sucesión de contraataques. Si el esférico no puede volar hacia corredores de segunda línea como Jordi Alba o Sergi Roberto, el contrario, por lo general, dispone de tiempo para corregir sobre su propia acción. Esto, además de limitar el peligro potencial barcelonista en este tipo de situaciones, ha venido permitiendo a sus adversarios volcar un mayor número de esfuerzos a la hora de presionar el inicio de la jugada culé, entendiendo sostenible un escenario de tres contra tres contra los puntas, lejos de su área. La falta de preocupaciones a su espalda, hace que los rivales puedan movilizar todos sus sentidos en defender hacia adelante y plantearle contextos más dificultosos a los primeros pases del Barça. La Champions League, además, por su formato de eliminatoria, acostumbra a propiciar un tipo de situación muy particular, en la que uno de los contendientes, virtualmente eliminado, ya no tiene nada que perder. Esa que, por norma, invita a terminar los cruces ajustados en el área del equipo que va por delante en el marcador, y que viene admitiendo una sorprendente reiteración en las remontadas como bien sabe el Barça en un sentido y en otro.

Durante temporadas contaron los azulgranas con el antídoto de Neymar, un futbolista capaz de castigar la aventura desesperada del contrario y de cobrársela con goles. En 2015 suyos fueron los dos tantos en los partido de vuelta contra unos PSG y Bayern Múnich obligados a darle la vuelta al marcador de la ida, así como el tercer gol de la Final ante una Juventus a la que se le terminaba el tiempo para lograr el empate. También en 2016 abrió la lata en el el Camp Nou frente al Arsenal, tras el 0-2 cosechado en Londres. Esta noche, en el Camp Nou, el Manchester United arrancará el partido “eliminado” y sin un botín que proteger. En disposición de arriesgar sin poner nada en riesgo. De mirar siempre hacia adelante. De irse arriba. De presionar lejos de De Gea, dejar hombre a hombre a sus defensas, buscar la recuperación en campo contrario e imprimirle ritmo al partido cerca de Ter Stegen. En los pies del alemán, de Piqué, Lenglet, Alba, Sergi Roberto, Busquets o Arthur el Barça tiene recursos para esquivar el primer envite, pero para que el pase no muera en la anticipación del central o en una corrección, deberá mirar a la inmensa llanura que cada vez más se le presentará a la espalda de la zaga inglesa. Pocos como Dembélé para correr por ella, sostenido en la capacidad de Arthur para sortear la emboscada y buscar a Messi o Suárez como impulsores. El último reto del curso para Valverde será lograr que Ousmane se sume al Barça de Arthur sin ponerlo en riesgo. Completarlo con su pegada, su desequilibrio y su velocidad sin añadirle descontrol. Equilibrar la moneda sobre su canto.

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– Foto: Lluis Gene/AFP/Getty Images

3 Comments
  • Iniesta10
    Posted at 11:33h, 16 abril Responder

    Hay una cosa que el ManU no espera, que el Barça no salga a dominar y controlar, sino que busque el error británico.

    El ManU no tiene talento para dominar el partido. Su forma de ganarlo pasa por aprovechar los errores en la salida de balón del Barça provocados por una presión muy elevada apoyada por su gran potencia física.

    El Barça no debe arriesgar en la salida del balón desde atrás. Busquets no puede repetir los errores de Old Traford. En mi opinión, el Barça debe jugar con Rakitic muy cerca de Busquets, para dar mayor seguridad, y debe también presionar mucho a los lanzadores británicos para que no les lleguen buenos balones a los delanteros velocistas.

    Yo el partido lo veo ahí, en la capacidad del Barça de salir con el balón controlado desde atrás, y dominar en campo contrario, con presión tras pérdida de los lanzadores mancunianos. Creo que tener posesiones largas beneficia al Barça, que corre menos y está mejor situado sobre el verde, pero también con la amenaza del pase a la espalda de los centrales del ManU.

    La clave está en la salida del balón del Barça desde atrás, porque si eso se hace bien, a mi tanto me vale la amenaza al espacio como el mantener mucho tiempo el balón, que siempre deja al Barça bien situado para la presión tras pérdida, y en peor situación a los británicos.

  • Superpato
    Posted at 12:10h, 16 abril Responder

    Yo creo que es un partido para que juegue Dembele y lo haga en derecha. Creo que hoy el Barça va a necesitar a Rakitic cerca de Busquets para ayudarle en salida y cubrir las arrancadas de Pogba, que es demasiado potente para el catalán. Con el doble pivote, Arthur abierto a la izquierda y doblando la derecha con Dembele y el lateral (no tengo claro por cual apostaría hoy), creo que la salida de balón no estará muy comprometida ante un Manchester que tampoco presiona tan bien. Cuando lo hizo en la ida y el Barça logró salir, echó en falta la amenaza al espacio que supone el francés.

    Además, con la sanción de Shaw, cualquier alternativa en los ingleses será un tanto experimental. Tanto si es defensa de 4 o salen con 3 centrales, en cuyo caso Dembelé puede ser una pesadilla a la espalda del carrilero izquierdo.

  • Javier
    Posted at 12:49h, 18 abril Responder

    Recien termine el post, encaja muy bien para enfremtar al Liverpool, el equipo tendra que jugar “nadando y guardando la ropa” es decir cerrando bien las perdidas y contras, igual habria que volver al 4-4-2, juntar a Busi y Rakitic y dejar las bandas para Alba y Dembele, el city de Pep ha optado este aňo por versiones mas conservadoras para competir contra ellos, ese es el camino.

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